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Prisas

Por @rondoscutillas

El Tenerife se ha alejado del abismo. La amenaza del descenso, tan cercana hace apenas 15 días, es ya una sombra que se divisa por el retrovisor a 7 puntos. La épica remontada ante el líder Osasuna y el punto rescatado en el Carlos Belmonte ante el Albacete son una buena base de resultados sobre la que edificar una pista de despegue hacia la tranquilidad definitiva, algo que podría acercarse todavía más en caso de que los blanquiazules logren otro triunfo en casa ante el Sporting este viernes.

La calma actual nos ha deparado una semana en la que la palabra futuro vuelve a cobrar relevancia. Supongo que porque en esta isla no descansamos. Ni somos de ir partido a partido. Especialmente porque, casi todos, damos ya la temporada casi por zanjada aunque aún queden por delante todo abril y todo mayo. Quizá el nuevo objetivo sea sumar de tres en tres para intentar llegar al derbi a tiro de piedra de la UD Las Palmas. Por aquello del morbo de quedar por encima del eterno rival en la clasificación. Es un consuelo menor y un premio cuyo efecto queda, sin duda, en mera simbología porque amarillos y blanquiazules están demasiado lejos de las metas que se trazaron cuando el balón comenzó a rodar el pasado mes de agosto.

Y, hablando del clásico canario, las próximas líneas serán para reconocer la labor de Cristo Marrero al frente del Juvenil de División de Honor que, por primera vez en unos cuántos años, ha logrado acabar con la hegemonía de la cantera de Las Palmas en esa categoría. El título tiene mucho mérito. Especialmente para los ventajistas que, cuando no se conquistaba, evaluaban la labor de base del Tenerife exclusivamente por los campeonatos alcanzados.

Sin embargo, yo soy de los que prefiero quedarme con la otra cara. Y veo en ese hito un síntoma de esperanza de cara a que, si existe la adecuada planificación, deberían empezar a asomar a medio plazo por el primer equipo los componentes de ese laureado juvenil hasta convertirse en los nuevos Ayoze Pérez, Nano o Jorge Sáenz.

Regresando a los profesionales, y a la búsqueda del futuro pluscuamperfecto que todos pretendemos, el debate que echa raíces es el que cuestiona ahora, a principios de abril, la continuidad de Oltra o no como piloto del próximo proyecto. Mientras se especula sobre si el técnico actual tiene mejor o peor relación con Víctor Moreno. O si este último prefiere traer otro entrenador, elegido exclusivamente por él, para que administre el Tenerife de la 2019/20. Un equipo que, gracias a las ventas realizadas en los últimos meses, tendrá los mayores recursos económicos de los últimos años para invertir en la creación de una plantilla que, de verdad, pueda pelear por estar entre los seis primeros.

Pensar en eso, a principios de abril, sería perder la perspectiva una vez más. Sobre todo porque en esta isla no hay paciencia. El Tenerife, si logra amarrar la permanencia más pronto que tarde, tendrá una oportunidad magnífica para planificar. Para construir. E incluso para soñar con volver a ilusionarnos. Pero, para que eso suceda, Moreno debe ir dando forma a su boceto. Y obtener el respaldo de todos. Apostar por una idea. Y morir con ella. Fijar un modelo futbolístico e incluso darle continuidad a medio plazo. De nada sirve que esté Oltra, o que venga otro, si los resultados dan por caducado el proyecto en la jornada 5 como este año. Por eso confío en que, por una vez, impere la cordura y se aproveche la coyuntura actual para poder hacer algo sólido, decente y sin prisas.