Por @jf_rojas
Uno siempre se aproxima al primer partido de la temporada con una mezcla de ilusión y temor. Observas los primeros minutos del equipo con la secreta esperanza de confirmar las expectativas que, inevitablemente, te has hecho durante el verano pero a la vez te pones una coraza de escepticismo para protegerte de los crueles golpes de realidad que muchas veces (casi siempre) el fútbol te reserva. De hecho, si la experiencia de los años no nos hubiera enseñado a tomarnos con distancia estos principios de temporada, hoy
La primera parte del Tenerife nos dejó a un equipo a años luz del que esperábamos encontrarnos. Ni rastro de la solidez y claridad de ideas que le presumiríamos a un grupo entrenado por el Etxeberria que hemos conocido aquí. Además y por si fuera poco bastaron 45 minutos para confirmar que si el Tenerife pretende aspirar a algo más que a vegetar en la categoría está obligado a reforzar su linea defensiva. Es cierto que todo cambió después del descanso y que el equipo por momentos casi dominó con suficiencia, pero la primera impresión del Tenerife 18/19 fue tan negativa que incluso terminado el partido cuesta revertir las malas sensaciones.
En cualquier caso habrá que hacer el esfuerzo por ser positivos. Por eso nos quedaremos con el empate final, con las prometedoras primeras acciones de Naranjo y con la impresión de que a pesar de los desajustes colectivos y de la malísima tarde de muchos, el equipo de medio campo hacia delante tiene argumentos serios y poderosos. Otro día tendrán que demostrarnos que además tiene gol, una cuestión que junto a la defensa será definitiva para medir las verdaderas posibilidades de este año.
- Periodista y aficionado al CD Tenerife