Por @rondoscutillas
Ya llueve menos. La borrasca de resultados negativos que amenazaba con salpicar al Tenerife con el fango de la zona de descenso cambió su rumbo gracias al triunfo sobre el Rayo Majadahonda (2-1). El anticiclón de los goles de Naranjo y Suso disipó los efectos de una tormenta que, pese a todo, aún puede volver. De hecho, es lo más probable teniendo en cuenta las deficientes prestaciones de los blanquiazules fuera de casa. Pero esa es otra historia que podrán encontrar algunas líneas más abajo.
Para una vez que el Tenerife gana, apenas lleva tres victorias en el primer trimestre de la competición, qué menos que regalarnos unas líneas de alegría. Nadie duda de que el equipo que dirige Oltra compite bien como local. Sobre todo porque minimiza sus despistes y porque en la isla cada futbolista se esfuerza en ganar los duelos individuales con los adversarios. Algo que, a mi juicio, es la base para poder tener luego un buen funcionamiento colectivo.
Además, en esta ocasión, el Tenerife golpeó primero. Lo hizo Naranjo cuando el partido aún se desperazaba. Y ahora solo cabe esperar que ese tanto aumente su confianza. Sería de necios negar que los delanteros funcionan por rachas. De hecho, solo hay que ver la de Malbasic. El serbio está notable en todo menos en la definición, así que lo ideal es que el andaluz logre alargar la suya y el balcánico rompa su falta de puntería cuanto antes. Ambos, jugando con el nivel que mostraron ante el Rayo Majadahonda, sí que marcan diferencias en esta categoría.
También la pareja de mediocentros, formada por Milla y Undabarrena, es de nivel y cada día muestran mayor afinidad para mezclar en la medular. Si a eso le añadimos que el dúo Alberto-Jorge Sáenz está cada vez más compenetrado, nos sale una columna vertebral aprovechable para empezar a sumar con más asiduidad de la que se ha conseguido hasta ahora.
Quedan unas cuantas cosas por mejorar. En la última cita, por ejemplo, eché de menos que Oltra reforzase antes la zaga con Carlos Ruiz. Sobre todo porque, tras la entrada de Joao Rodríguez, las líneas quedaron menos unidas. De hecho, el gol del rival vino en uno de los ‘uno contra uno’ en los que los centrales se las vieron, sin ayudas, contra sus dos delanteros. Y Alberto, precisamente, no tiene la velocidad entre el catálogo de sus virtudes.
Termino por esta semana con dos reflexiones. La primera es que espero que, por fin, se vea un Tenerife que no sucumba ante el mayor empuje del rival fuera de casa. Si no son capaces de igualar el ímpetu y el músculo del Sporting, poco habrá que hacer por mucho que El Molinón sea nuestro Heliodoro de la Península al ser el escenario donde los blanquiazules, históricamente, han ganado más veces como visitantes.
La otra es dejar patente la envidia que siento al ver el aspecto que presenta El Molinón cada vez que el Sporting juega de local. Especialmente porque su afición es de taquilla y no de boquilla. Los rojiblancos, como el Tenerife, tampoco han tenido el arranque esperado en este primer tercio de la Liga. Su entrada más barata cuesta 7 euros más que en el Heliodoro. Y los abonos también son más caros que los que comercializan los blanquiazules. En lo que va de siglo, llevan más tiempo en Segunda que en Primera. Son un equipo históricamente de cantera y en su última alineación solo había un asturiano. Ya han cesado a su entrenador. Solo tienen 2 puntos más que el Tenerife en la clasificación y el choque de este sábado coincidirá por televisión con todo un Real Madrid-Valencia. Hace 15 días, además, perdieron el derbi contra el Oviedo y, pese a todas esas coartadas tan habituales en nuestro entorno de la santa queja blanquiazul, ellos promedian casi 20.000 espectadores cada vez que comparecen en casa. Lo dicho. Tengo envidia porque esa afición sí que hace sentir a su equipo que, aunque esté en Segunda, es de Primera.