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Primavera

Por @rondoscutillas

Llegó el invierno. El Reus fue la estación final de un tren de buenos resultados que llevaba circulando, sin detenerse en el andén de la derrota en el Heliodoro, desde enero de 2016. Todo tiene un principio y un final. Así que, después de que mis fantasmas ganasen el derbi semanal a mis sueños, toca levantarse otra vez. Y creer.

Creer en un equipo que, como este Tenerife de Martí, es complicado de batir para cualquier rival de esta categoría. Creer que lo del domingo pasado es una cuestión de dinámicas contrapuestas. Los blanquiazules llevaban 15 semanas sin perder y su rival 8 sin ganar, así que, con los números en la mano, había bastantes boletos estadísticos para que pasase lo que pasó. Sea lo que sea, tampoco vendría mal servir una ración de autocrítica de puertas adentro.

El mayor pecado del Tenerife ante el Reus fue olvidarse la herramienta con la que construyó la racha que ilusionó a todos. La solidaridad se quedó encerrada en el vestuario del Heliodoro y eso se notó en la presión ejercida sobre los catalanes en el tramo inicial del encuentro. Si de los cuatro de arriba solo uno (Amath) muerde como es debido sobre la salida de balón, el rival encuentra vías, o incluso autopistas, por las que crear superioridad en la medular.

Basta una descoordinación, acompañada de un gran movimiento colectivo catalán, para tener una situación de riesgo en tu área. Y cuando concedes eso ante el equipo que menos encaja como visitante de toda la categoría es dispararte en un pie sin necesidad. Si le unes que el equipo estuvo demasiado espeso con el balón y que, una vez más, adoleció de puntería en las pocas situaciones de peligro real que generó (un tiro al poste de Lozano en el primer acto y una mala ejecución del ‘mano a mano’ de Cristo en la segunda), pues te encuentras con una película de acción en la que se trata de conquistar el área enemiga al abordaje, pero sin disponer de un ‘nueve’ que, de verdad, siembre el pánico entre el enemigo.

Lozano, que es útil en el funcionamiento colectivo cuando baja el balón y logra combinar con algún compañero o darse la vuelta, atraviesa por una racha desoladora en el capítulo de la definición. Sus cifras son bastante pobres y, de promedio, firma un gol cada cuatro partidos. Que ante la portería contraria se marchita es una evidencia y eso es un problema cuando tu objetivo es meterte en un playoff que, con certeza, se resolverá en las áreas.

La buena noticia del último choque fue el ansiado estreno de Shibasaki. El nipón dejó detalles y demostró que, sobre el césped, no es nada tímido. Jugó muy alejado de la zona donde puede influir en los partidos. Pero, con todo, fue un faro que iluminó con sus pases al compañero que recibió la pelota. Me pregunto qué podrá ofrecer cuando se sitúe entre líneas, cuando tenga radio de acción para multiplicar la peligrosidad de su repertorio con el balón. O cuando encuentre la distancia idónea para disparar a puerta en las inmediaciones del balcón del área.

Mientras Gaku sigue su progresión, los blanquiazules tendrán que defender el domingo su plaza de playoff ante un Cádiz que, como el Levante, solo ha encajado 9 goles en sus 15 partidos como local. Les espera un partido áspero en el que, como pasa cuando te mides a un equipo de Cervera, no estarán cómodos. Si los de arriba se olvidan de presionar de inicio como ante el Reus, lo vamos a pasar mal. Si reaparece el equipo solidario de casi siempre, quizá haya alguna opción de que el mejor Tenerife vuelva a germinar en el Carranza por primavera.