Por @rondoscutillas
El CD Tenerife afronta el final de abril con una doble salida lejos del Heliodoro. Un periodo en el que, sin duda, va a tener que sufrir para defender la tercera plaza que ocupa actualmente en la clasificación. Ojo que el playoff, pese a que el grupo que dirige Martí sigue dando buenas sensaciones, no está asegurado aún. Ni mucho menos. Y, si los perseguidores siguen en la misma línea de las últimas jornadas, a los blanquiazules les urge sumar un triunfo fuera de casa. O en Soria. O en Murcia.
Lo contrario sería depender en exceso de la calculadora. Y de lo que ocurra en duelos como el Oviedo-Huesca y el Cádiz-Levante de este fin de semana. O el Levante-Oviedo y el Lugo-Girona de la siguiente. Por eso, y pese a la buena imagen ofrecida en los empates ante Rayo y Girona, lo prioritario es obtener, cuanto antes, un triunfo que consolide la posición jerárquica en los playoffs que tantas semanas ha costado cimentar.
Las tablas ante el Girona certifican que el ascenso directo queda ya bastante lejos. 24 puntos son unos cuantos todavía, pero el Tenerife tendría que recortarle a los catalanes 9 unidades (contando con el average desfavorable) para superarlo en la clasificación y, así, subir a Primera de manera directa. Es casi una utopía. Así que lo más realista es centrarse en el partido de Los Pajaritos. Y en cómo tratar de imponer esa teórica voracidad de un equipo que lucha por vivir cosas importantes frente a otro que reside, plácidamente, en mitad de la escalera.
Los números del equipo soriano en casa no son nada optimistas precisamente. Siete victorias, seis empates y cuatro derrotas jalonan su trayectoria local de este curso. El dato que más me preocupa, en cambio, es que llevan cuatro jornadas sin ganar en su feudo. Y que, desde el triunfo ante el Reus en febrero, que fue su última víctima en Los Pajaritos (1-0), no han vuelto a marcar ante su parroquia. Cayeron ante el Cádiz (0-3), empataron con el Oviedo (0-0) y el Rayo (0-0) y perdieron con el Girona (0-2) hace dos fines de semana. Ojalá me equivoque y sigan una semana más con la sequía, pero suman demasiadas jornadas sin hacer un gol en casa. Y ya sabemos cómo es el Tenerife cuando se topa con una dinámica de esta naturaleza.
Solicitando una tregua a mis queridos fantasmas, al menos hasta que pase este fin de semana, prefiero escribirles sobre las emociones del pasado sábado. El Heliodoro, ese estadio cuya dificultad para el adversario crece de manera directamente proporcional al número de almas que alberga en su interior, presentó el ambiente de las grandes tardes. Y el choque no defraudó a nadie. Quizá el resultado final fue un pequeño bajón tras la proeza de la remontada. Pero ¿quién no sintió orgullo del comportamiento del Tenerife sobre el césped?
Hasta que toque vivir otra mañana de magia en el Heliodoro cuando venga el Lugo, Martí debe elegir ahora con qué equipo irá a por el partido en Soria. Y por ahí la disyuntiva se vuelve mayúscula. Los mejores minutos ante el Girona fueron aquellos en los que juntó a sus piezas de mayor calidad sobre el terreno de juego. Si el Choco Lozano muestra un cambio de actitud como el del último partido, puede volver a ser lo que necesita el equipo para generar superioridad de tres cuartos de campo hacia adelante. Sobre todo si se asocia con el talento de Shibasaki, Aarón Ñíguez, Amath, Suso o hasta Tyronne, cuando vuelva a incorporarse al grupo. Está claro que todos juntos no tienen sitio. Pero cuántos más de ellos amolde el entrenador a la vez a su esquema, más cerca tendrá el Tenerife su premio.