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Preferente

Por @rondoscutillas

El Tenerife afronta el final de agosto con la esperanza de que el regreso al Heliodoro corrija algunos de los defectos que ha exhibido, lejos del estadio, en las dos primeras jornadas del campeonato. Estos dos empates han resultado un desayuno insuficiente con el que comenzar a digerir una Liga en la que siempre es importante sumar fuera de casa pero, tanto en Tarragona como en Almería, la sensación fue que había para más de lo que se hizo. Tanto en intensidad como en fútbol y puntos.

Admito que no me gusta lo que he visto hasta ahora. Pero también que es demasiado pronto para hacer juicios con la suficiente claridad como para estar convencido de que las conclusiones que voy sacando son ciertas. El Tenerife de Almería no logró ser mejor que su rival hasta que los andaluces se quedaron con uno menos. Hasta ahí fueron un equipo plano. Lento. Previsible. Sin profundidad por las bandas. Y sin precisión con la pelota. Que Milla, con sus llegadas en paredes y sus remates desde la frontal, fuese el principal argumento ofensivo de los blanquiazules me preocupa. No por su derroche de energía para querer estar en todos sitios o aportar en vanguardia. Nada de eso. Más bien porque un once en el que están Nano, Naranjo y Malbasic está obligado a generar, durante más de una hora, algo más que una solitaria llegada de su mediocentro.

Este arranque confirma que no hay partido sencillo por el carácter indomable de la categoría, en la que nadie pone nunca nada fácil. Eso no significa que lo justifiquemos todo. Pero tampoco veo lógico que ya haya gente con ganas de sacar las antorchas para incendiar un proyecto que todavía está en pañales. Sobre todo porque este es el curso de ir partido a partido. Sin sacar la calculadora para ver cuánto hay que sacar aquí o allá. O hacer una proyección de los puntos que sería necesario reunir para alcanzar a este o aquel rival.

Es ilógico encender el interruptor de las urgencias cuando agosto no se ha consumido. Cuando el equipo, pese a que sigue el mismo técnico y la inmensa mayoría del bloque que acabó en junio, sigue aún en la búsqueda de su verdadera identidad. Posiblemente por la confección de una pretemporada sin rivales de suficiente nivel y en la que apenas hubo referencias válidas para probar el potencial real de esta plantilla en los 15 días previos a que comenzase la Liga. Por eso aún hay jugadores, como Naranjo o Camille, que físicamente están lejos de su mejor momento y dan la sensación de que aún estén en julio en vez de casi en septiembre.

La solución, está claro, no podemos ponerla desde la grada o el entorno. Es competencia de los que están en el vestuario. Pero, ya que no la tenemos en nuestra mano, hagamos lo que sí es posible. No seamos parte del problema. Propiciemos que el Heliodoro tenga este sábado el estreno que se merece. Hagamos que el campo se incline a nuestro favor. Consigamos que la pelota vuelva antes a los nuestros cuando no la tengamos. Que vean la portería más grande y que los blanquiazules sean capaces de volar más que correr.

Nos va a hacer falta estar unidos. Seamos los 9.000 de casi siempre o quizá unos pocos más. Nadie sobra. Especialmente porque este sábado viene el Deportivo, uno de los tres recién descendidos. Uno de los que, gracias a las cartas marcadas de la LFP creadas por Javier Tebas, se sientan a jugar en la mesa de este campeonato quintuplicando la inversión del Tenerife. Y uno de los que transita por la Segunda con un billete de vuelta a Primera reservado en clase preferente.