Por @RondosCutillas
Se nos va 2014. Estos días miramos por el retrovisor de la memoria para hacer balance de lo sucedido y comprobamos que hicimos cosas buenas y no tan buenas. Ahora es tiempo de hacer propósito de enmienda y fijarse metas para el nuevo año, así que llega el momento de planificar para crear objetivos e ilusiones que nos ayuden a remar día a día hacia lo que más nos conviene.
En el plano deportivo, la semana ha transcurrido con una buena dosis de autocrítica por parte de ciertos integrantes de la plantilla del Tenerife que, como la mayoría de los aficionados blanquiazules, no están conformes con lo realizado hasta ahora y reconocen abiertamente que las cosas se podrían haber hecho mejor. No le quito ni una coma a la afirmación, pero me pregunto dónde estaría este equipo si los guardametas que ocuparon su portería no hubiesen ‘regalado’ tantos y tantos goles durante la competición. Y también si Ifrán no se hubiese perdido más de la mitad de los partidos que se han disputado. Sí, sé que no hay respuesta para eso. Pero me gustaría poder conocerla.
Creo que ya he dicho semanas atrás que los objetivos precocinados sirven de bastante poco. ¿Hay algún deportista al que no le gusta estar lo más arriba posible? Pues eso. Cierto es que algunos prefieren no comentar nada sobre ellos, unos por falta de ambición y otros por la prudencia que aconseja aquello de que uno es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios. Pero lo cierto es que decir en agosto que la meta iba a ser jugar la liguilla de ascenso sólo da para un titular llamativo que luego, conociendo como somos en esta isla, puede ser usado como arma arrojadiza cuando las cosas no salen como se esperan.
Por eso, y porque el primer tercio de la temporada no ha cumplido las expectativas, quizá haya que aferrarse a aquello del ‘partido a partido’ (cuyo precursor fue Rafael Benítez en el Tenerife y no Cholo Simeone en el Atlético) y ver qué nos depara la clasificación antes de hablar de esto o de aquello.
Si nos fijamos en lo más inmediato, el próximo encuentro es de esos que invitan a ir al estadio. El Sporting es el único equipo de Segunda que no conoce la derrota. Y a mí esa estadística, más que asustarme, me hace pensar que 18 partidos sin perder son demasiados para cualquiera (y más en esta categoría) y que igual el Tenerife es capaz de convertirse en el primero en acabar con la racha gijonesa. Los números de los de Abelardo fuera de casa no son nada malos (3 victorias y 6 empates), pero lo que más me preocupa, sobre todo, es que han marcado siempre como visitantes excepto en dos salidas (Barcelona B y Alavés).
Los asturianos serán un buen termómetro para medir si los blanquiazules son capaces de mantener el buen tono defensivo de las últimas semanas (274 minutos sin encajar y 604 sin que el adversario lo haga de jugada). Y también para volver a ilusionar a una grada que, en los últimos partidos en el Heliodoro, no ha empujado tanto como sería de desear e incluso ha llegado a silbar algunas acciones de los suyos.
Así que ahora que 2015 está a la vuelta de la esquina, pienso gastar una de mis 12 uvas en desear que el Tenerife nos devuelva la confianza perdida con resultados, que Serrano acierte con los refuerzos del mercado invernal y que Cervera, ahora que el equipo ha logrado escapar del descenso, logre dar con la fórmula que conjugue equilibrio defensivo con una propuesta algo más creativa. Con el nivel de compromiso de esta plantilla y la afición acompañando como en los días grandes es posible volver a soñar para poder soportar con algo de entusiasmo los seis largos meses que aún quedan por delante. ¿Por qué no?