Redacción Deporpress | Feo asunto para el fútbol el del despido de Álex Menéndez en el Girona. El jugador, que llegaba con la carta de libertad después de acabar su contrato con el Sporting de Gijón, firmó por dos temporadas y fue despedido al encontrarse lesionado en el cruzado de una de sus rodillas. Una grave afección que le impedirá jugar hasta el mes de febrero y que provocó su salida precipitada al entender el club catalán que ya había llegado con esa dolencia, aunque no le fuera detectada en el reconocimiento médico previo. «Me dijeron que estaba todo bien y que llegaba como un avión», asegura el jugador.
Tras lesionarse en un entrenamiento, fue sometido a una resonancia magnética a la que acudió solo. Al ver los resultados, el médido del conjunto gerundense le acusó de «habérsela metido doblada». Una llamada telefónica le alertó de que acababa de llegar a su hotel la rescisión de su contrato por vía burofax. El club emitió posteriormente un comunicado en el que se refiere a «una grave lesión de rodilla preexistente a la firma» del futbolista, por lo que se ampara en el convenio suscrito con la AFE que le permite «la realización de las pruebas médicas que determinan la aptitud física del jugador hasta 15 días después de su fichaje».