Por @ivanvillanua
Podemos seguir el camino del ostracismo. Acudir al estadio y dejar a un lado animar al que ha sido el equipo de toda tu vida para mofarte de un error, silbar a ese tipo que está de entrenador porque te cae mal o criticar al que hasta ahora ha hecho lo que ha podido en la portería: antes un héroe ahora un el peor de los guardametas posibles.
¿Alguien se ha puesto alguna vez en la piel de un profesional del deporte? ¿Alguien sabe qué puede pasarle por la cabeza a un jugador que ha visto, día a día, como ha pasado de la responsabilidad de defender una portería al calvario de no ser querido absolutamente por nadie? Dudo que muchos dedicaran estas últimas semanas a sentarse diez minutos y reflexionar al respecto. Hagámoslo juntos.
Eres portero profesional, te llamas Roberto. El año pasado confiaron en ti después de que el titular abandonara el club en invierno. Toda la responsabilidad cayó sobre tu cuerpo: apenas tienes experiencia pero, chico, es lo que te toca vivir si quieres llegar a algo en esto del fútbol. Tus inicios no fueron fáciles. Tuviste que amoldarte al estilo, entender a tus compañeros y sobre todo lograr un nexo de unión con la defensa: los que más cerca tienes.
Con el paso de las jornadas cometiste varios fallos. Sobre todo de concentración. Los nervios te jugaron una mala pasada. Pero bueno, en casa, tu gente, tu afición, siempre te apoyó. Por lo menos entendieron el enorme esfuerzo que hacías. Incluso en algún que otro partido donde colmaste una actuación por la que, incluso, saliste ovacionado.
Eso te hizo entender que, tras volver de vacaciones, serías un pilar fundamental en este nuevo proyecto. Llegaste a La Palma, con un nuevo compañero y empezó el guión de una historia que para nada era como pensabas. Bien: él tenía más experiencia que tú, vale. Pero nunca entendiste su manera de comprometerse con el resto de compañeros. Tú eres de la casa y tienes un sentimiento diferente hacia este escudo.
Cuanto te tocó salir, los nervios te atenazaron. Esperabas apoyo en la grada. Pero no. Los susurros se metieron en tu cabeza. La presión te comía por dentro y cuanto más estrés deportivo más tendencia tuviste a lesionarte. Lo que provocó que un buen amigo de la cantera, ocupara tu lugar. Súmale ahora que el pibe lo ha hecho genial. Únele que sus actuaciones han sido notables. ¿Sigues teniendo la fortaleza mental que al comienzo? No.
Añádele que desde hace meses el debate de las incorporaciones se ha centrado en traer a un tercer portero de garantías. Que ya ha llegado. Que nada más pisar el club ha sido convocado. Que queda un puesto más en la suplencia y que cuando se recupere Carlos cualquiera sabe qué puede pasar. Te repito… ¿Sigues teniendo la fortaleza mental que al comienzo? No y No.
Podemos entre todos mandar al carajo al Tenerife. Total, como sigamos así en las gradas vamos camino de ello. Y podemos dejar a un lado a Roberto. En este caso, espero y deseo que el entrenador tenga un tacto especial porque esto puede ser una bomba de relojería si no se gestiona bien. Roberto puede merecer todas las críticas deportivas del mundo, pero si hay algo que no debe recibir es ni el rechazo ni el aislamiento deportivo de sus compañeros ni de los aficionados. Porque cuando no hubo nada, él levantó la mano como un valiente. Lo hizo mejor o peor, pero nos defendió. Respetemos su esfuerzo. Como mínimo. Aunque sea durante sus últimos meses de convivencia en este vestuario.