Por @beatrizpalmero
La entrada en puestos de play off y la llegada de Tyronne han puesto una brizna de esperanza en el horizonte. Y como ya he dicho en otra ocasión, en estos lares cuesta tan poco prender la mecha de la ilusión como echar un cubo para apagarla. Aún queda media liga y en dos semanas aquí se da vuelta a la situación más rápido que a una tortilla. Pero no está de más disfrutar del momento de paz, o quizá deberíamos decir de Paz Armada porque, tal y como sucedió antes de la I Guerra Mundial, las reuniones de paz y las alianzas para evitar la guerra servían sólo para que todos los países que participaban en ellos se armaran hasta los dientes para cuando el conflicto estallara.
En Tenerife, pasa más o menos lo mismo, y no dejo de sentir cierta compasión cuando veo la cara de ilusión de los que llegan. Pero luego siempre me acuerdo de que, afortunadamente, siempre hay birrias de corazón que nunca pierden la esperanza y que el buen comienzo de 2017 no ha hecho más que aumentar sus ganas de seguir practicando su fe.
Las perspectivas no son malas. Cierto que al equipo le falta algo de juego, pero va ganando en confianza y eso, ya lo hemos visto, es más importante que determinados aspectos del juego. La llegada de Tyronne viene, además, a poner a prueba el buen momento de los hombres de ataque y, aunque las bandas están ofreciendo un gran nivel, la competencia hará subir el rendimiento de los jugadores que salten al césped. O, al menos, esa es la idea.
Veremos qué es capaz de hacer el equipo de Martí en la segunda vuelta, pero, para ganarnos el derecho a soñar de verdad hay que mejorar los números de casa. De los diez primeros sólo el Oviedo empeora los números a domicilio así que aún hay trabajo por hacer para pensar en grandes metas antes de tiempo.
De todas formas, ya saben, para los que tienen el corazón blanquiazul de verdad poco importa si llueve o truena. Siempre hay lugar para la fe y la esperanza. Ya lo decía el gran Martin Luther King: “Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol”. Así que, en previsión de que el mundo se acabe con una derrota en Sevilla, y lluevan piedras de todos lados, yo voy a seguir plantando árboles, que tal vez todo se quede en tormentas de distracción, y no hay mayor placer que acabar viendo como el árbol echa raíces y crece.