Lleva tiempo jugando al filo del abismo, pensando que está por encima del bien y del mal. Tal es así que desde hace meses, porque él y solo él lo piensa así, se cree con la potestad de ser catalán cuando está en su casa y español cuando pernocta fuera de ella. El interés tiene un límite y el tuyo, hoy 1 de octubre, se ha agotado.
¿Te acuerdas aquella frase de «contigo empezó todo? Aplícatela. Con tu tuiter y tu Periscope comenzó el declive del FC Barcelona en los últimos años. Con tus chistes y burlas generaste algún que otro malestar en la selección. Fuego que, afortunadamente, apagaron otros que entendieron que jugar con España va mucho más allá de cuatro niñatadas. Pero lo tuyo ha sido otro asunto, has buscado la provocación continuada y esto tiene un punto y final.
Piqué, tú no me representas cuando juegas con España. Vete de nuevo si quieres, pero por mi parte, cuando toques la pelota veré un ente invisible. Tú no eres digno de vestir La Roja. Lo fuiste, hasta que por alguna extraña razón entendiste que tenías el poder suficiente para situarte en la esfera de la perversión que hoy ha llenado de desgracias a Cataluña y se ha expuesto mundialmente ante los medios: me refiero a la esfera política. Porque tú, Piqué, quieres seguir en España hasta que puedas ser parte del sinsentido que los tuyos quieren montar en esa comunidad autónoma.
Tomo tus lágrimas de hoy y espero que la Federación Española de Fútbol (o lo que queda de ella), también. Lopetegui no debe tomar esta decisión, debe ser la RFEF quien de una vez por todas deje de llamar a quien vota a favor de la independencia por la mañana y quiere ser internacional con España al terminar el día. Porque lo único que busca el futbolista es que lo silben una vez más, señal de que habrá vuelto a ganar la batalla y los suyos le aplaudirán por su osadía.
Gracias por todo lo que hiciste por esta selección hasta que se te nubló la vista. Gracias por el fútbol que has ofrecido en Europa. Gracias por el Mundial y las dos Eurocopas. Déjanos tranquilos, te lo ruego. Sécate las lágrimas con los millones que ganaste por levantar esos tres trofeos. Millones que te pagamos todos los españoles. Esos que no te queremos volver a ver manchar nuestra camiseta a cambio de mezclar la sucia política con los buenos valores del deporte.