Por @rondoscutillas
La temporada 2015/16 arrancó con una sonrojante derrota en Soria que sepulta, en apenas 45 minutos, el ilusionante verano con el que nos había obsequiado el Tenerife hasta ayer. Los blanquiazules confirmaron en Los Pajaritos, una vez más, que son un visitante amable para la hinchada rival. Un equipo ideal para que alguien profano vaya a ver un partido de fútbol por primera vez y se enamore de este deporte creyendo que el club de su ciudad es el no va más.
Si alguien me dice antes del partido que el Tenerife iba a ser capaz de hacer tres goles como visitante esbozaría una sonrisa de incredulidad. Pero si agregan que iba a remontar un 1-0 para ponerse 1-2 y, luego, encajar cinco goles en la segunda mitad para terminar perdiendo 6-3 le pediría que dejase de tomar alucinógenos. Desgraciadamente, el choque contra el Numancia fue para alucinar, pero de horror. Sobre todo porque me temo que rara vez vamos a ver al grupo de Agné firmar tres goles lejos de la isla y resulta frustrante que, para una vez que pasa, no te sirva ni para sacar un empate.
Los fantasmas de la duda acamparon en la cabeza de Dani Hernández y el guardameta regaló dos goles en salidas por alto tan desafortunadas para lo que nos tiene acostumbrados que, por un momento, evocaron a las de sus tristes predecesores en la portería el pasado curso. Mal momento para cometer errores si tu equipo domina 1-2 y esos fallos te cuestan el partido. Pero peor es que el resto de tus compañeros se contagien y se apunten en bloque para competir en el concurso de a ver quién hace la pifia más gorda al nivel de un equipo de aficionados (y de los malos). Los locales superaron al Tenerife a partir de ahí con una facilidad insultante y la brecha en el marcador aumentó exponencialmente por obra y gracia de la cascada de obsequios y despropósitos en defensa. Especial mención en este capítulo merecen la autopista que dejó Aurtenetxe en su costado y las pifias de un Germán que, como escribí hace algunas semanas, confirmó con su desastrosa actuación de ayer mi sospecha de que no tiene, ni por asomo, el nivel de Jorge Sáenz o Alberto.
Pese a lo abultado del naufragio, no todo fue malo. Omar Perdomo brilló una vez más en la izquierda. Suso confirmó, hasta que tuvo fuelle, que va a más tras su lesión de rodilla. Y hasta el laboratorio de Agné produjo un gol a balón parado, con aclarado baloncestístico incluido, para que Carlos Ruiz anotase en el ‘poste bajo’ a la salida de un córner. Aunque sea una anécdota, por lo estéril de cara al resultado final, también hay que valorar el tanto logrado por el lagunero Nano, que tendrá que exprimir acciones como la de ayer si quiere reivindicarse en las rotaciones ofensivas de Agné.
Termino por esta semana con un ruego. Seamos prácticos. El partido contra el Numancia no vuelve y aún quedan otros 41. Así que hay que pensar en el Nástic de Tarragona desde ya. Espero que, en los próximos días, todos hagamos un ejercicio de tranquilidad en una isla tan propicia a pasar de la euforia al hundimiento (y viceversa) a una velocidad poco recomendable. Ahora le toca al Tenerife apretar los dientes y trabajar durante la semana para corregir defectos y potenciar virtudes. Pero, sobre todo, debe salir este domingo al Heliodoro a demostrar que este equipo puede hacerlo mucho mejor y con la intención de que lo de Soria, dentro de unos meses, quede únicamente como el recuerdo de una incómoda pesadilla.