Por @rondoscutillas
El CD Tenerife cerró la semana más dura del curso sin conocer la derrota, pero con sensaciones agridulces. Afrontó tres partidos en el exiguo margen de siete días ganando al Nástic (2-0), empatando en un campo complicado como el del Oviedo (1-1) y firmando tablas en el Heliodoro frente al Numancia (1-1). El balance es de 5 puntos sobre 9 posibles y esa cifra ya no da para quedarse en la zona de playoff. Los blanquiazules son novenos, con 15 puntos, y se mantienen a 2 unidades del sexto clasificado.
La competición, superado el umbral de la décima jornada, comienza a definir los roles de cada equipo. Los de arriba empiezan a pisar el acelerador con fuerza y el Tenerife vuelve a jugar como visitante este fin de semana, donde su balance es de apenas 1 punto sobre los últimos 12 posibles tras su victoria ante el Barcelona B en la primera salida del curso.
Si analizamos las causas del problema encontramos falta de intensidad en Valladolid, ausencia de ideas en Córdoba y poco acierto rematador en Lugo, donde el grupo que dirige José Luis Martí tuvo ocasiones para adelantarse y terminó pagando su mala puntería tras encajar un tanto. Solo en Oviedo fue capaz de invertir el guión que presagiaba derrota segura tras comenzar encajando primero. Ahora espera el Lorca, un recién ascendido en puestos de descenso que, como es lógico, tratará de tomar aire a costa de la debilidad tinerfeña lejos de la isla.
Ante el Numancia es cierto que el Tenerife no fue superior a su rival. También que jugó en inferioridad numérica durante 60 minutos y que, cuando los sorianos se quedaron con 10, no supo cómo gestionar el tramo final del encuentro. No sé si por la ansiedad de llegar rápido o porque, realmente, todos iban muy justos de combustible pese a las rotaciones que introdujo Martí en la alineación.
También influyó en el resultado Cuadra Fernández. El colegiado fue todo un desastre. Amonestó a Aitor Sanz en el penalti favorable al Numancia y no lo hizo con Grego Sierra cuando decretó como falta una entrada a ras de suelo sobre Tyronne en la línea del área que, por supuesto, también era una pena máxima de libro. Tampoco pitó falta, ni por supuesto amonestó, otra vez a Grego Sierra por su tijera criminal por detrás al tobillo de Paco Montañés que lo tendrá de baja hasta el próximo mes de enero. Pero luego, en cambio, sí sacó amarilla a Aitor Sanz por derribar a un contrario en la jugada siguiente en la que, además, había dado la ley de la ventaja a los sorianos. Sin duda, curioso criterio el de este colegiado, madrileño de nacimiento y adscrito al Colegio Balear, a la hora de aplicar el reglamento.
El Tenerife podría estar más arriba si los árbitros no lo perjudicasen tanto. Pero ese intangible escapa a los valores que puedes controlar dentro del terreno de juego. Donde sí debería incidir, de cara al futuro más inmediato, es en saber conservar la calma cuando los partidos erupcionan. De hecho, acciones como las de la expulsión de Suso ante el Granada o el autogol de Jorge Sáenz tras no entenderse con Dani Hernández en ese mismo partido costaron 2 puntos cuando se había culminado una remontada que parecía imposible. El sábado pasado, la sensación es que se escaparon otros 2 puntos si Aitor Sanz logra frenar su ímpetu en la jugada del penalti a favor del Numancia, en la que Carlos Gutiérrez no tenía el balón controlado y ni siquiera se había girado para chutar. O cuando, minutos después, decidió interrumpir un contragolpe sabedor de que ya tenía una amarilla. Esos detalles, evitables a todas luces, quizá podían haber supuesto tener 4 puntos más y que el Tenerife fuese hoy colíder.
Lamentarse ya vale de poco. Es mejor tomar nota de lo sucedido, hacer autocrítica para no repetir tantos errores ‘no forzados’ y tratar de cambiar el guión antes de que la herida con los equipos que preceden a los blanquiazules en la clasificación se agrande aún más. Al final, en esto del fútbol, a veces solo es necesario ser más cerebral que visceral. Este Tenerife tiene muchas virtudes y, para llegar donde todos queremos, debería bastar con potenciarlas y seguir en el camino de perseverar.