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Permítanme opinar

Por @juanjo_ramos

Miguel Concepción se equivocó el pasado domingo. No en el qué (la destitución de Aritz López Garai), sino en el cuándo (debió esperar a El Molinón) y en el cómo (desautorizando a su director deportivo y sin sustituto para el banquillo a la vista).

Con la misma libertad que vengo diciendo esto durante la semana, mantengo que el presidente del Tenerife dejará de serlo cuando él quiera porque así lo dice la mayoría accionarial del club. Sostengo además que su gestión deportiva es manifiestamente mejorable si valoramos sus 13 años en el cargo y que contrasta con una destacada gestión económica durante todo su mandato y una mejorada gestión social desde 2016.

Si ha llegado hasta aquí es que tiene interés de verdad en saber lo que pienso. Si no es así, es de esos que se enfada y duda de la integridad de aquel que no piensa como él. Lástima. Pasa mucho, demasiado en este país. Pero me interesa usted, que sigue leyendo. Avancemos.

La decisión del domingo ha metido al Tenerife en una situación de crisis institucional porque ha abierto a la especulación un ‘simple’ relevo en el banquillo. Entre la destitución de Martí y el anuncio de Etxeberria pasaron unas horas, lo mismo que entre este y Oltra. Es lo lógico. En cambio, esta vez la discrepancia con Víctor Moreno se ha saldado con esta semana de indefinición que no beneficia a nadie.

Paso a opinar sobre el director deportivo y el ya exentrenador. Moreno es, posiblemente, uno de los mayores errores en la historia reciente del Tenerife. No por sus conocimientos. Ni por sus fichajes, muy mejorables en algunos casos, sino por su gestión económica (demasiadas fichas altas) y por su gestión de grupo (agobia a los técnicos con sus ‘sugerencias‘ y muchos jugadores aseguran en privado que no le tragan).

López Garai, un tipo sensacional y futuro entrenador de Primera, chocó con su propia cabezonería al seguir insistiendo en una idea de juego casi imposible de ejecutar por la falta de nivel de algunos efectivos defensivos y la reducida capacidad de gol de su equipo. Ni protegió a sus zagueros menos dotados del error ni se dio cuenta de que no podía ir a un intercambio de golpes con balas de fogueo. Desde ese punto de vista, y con el peor arranque como local de la historia, su cese no es un disparate. El cómo y el cuándo, como ya dije al principio, es lo discutible.

Llegados a este punto solo queda rezar para que las heridas se suturen lo más rápido posible con un nuevo director deportivo, un nuevo entrenador y una explicación por parte de Concepción de las medidas adoptadas.

P.D. Esto no es una guerra mediática. Porque en una guerra, estimados equidistantes, agreden dos partes. En esta solo ha cruzado la línea del respeto, la educación y el compañerismo una de ellas. Por muchos (muchísimos) argumentos, profesionales y personales, que yo tenga para iniciar un ataque, todavía no he cruzado esa frontera. Espero no hacerlo nunca.