Esta columna debía haber salido el domingo. Pero no estaba de ánimos. Demostrando mis escasas dotes de jugador de tenis de mesa y queriendo emular no sé si más a Forrest Gump o a algún jugador asiático, vi como mi móvil volaba varios metros hasta el suelo mientras intentaba pegarle de revés a la pelota con la pala. Pantalla rota y desánimo generalizado. Crisis, tragedia…¡Que me lleve Dios ahora mismo! exclamé. Menos mal que los amigos del Hospital del Móvil me lo arreglaron en menos de una hora y la sonrisa me volvió hace escasamente unas horas.
Pedro Martín y para de contar. Confórmense con esto. «Está todo parado», me comentan unos. «Ya verás que cuando empiece el resto, todo se anima», me confirman otros. Ha pasado casi un mes desde que se iniciaran las vacaciones y el resultado: mucho bucle y pocas nueces. Y digo lo de bucle porque parece que el entorno informativo se sume en un Día de la Marmota cada año que pasa. Sigo sin saber qué es más tradicional en nuestra isla: si la canción del verano de Dan o los mitos que rodean los regresos de Airam o Ángel a la isla. Dos veces.
Sinceramente esto no anima nada la campaña de abonos. De hecho aún ni se ha presentado. ¿Con qué mimbres si lo único que tenemos es un delantero? Con ninguno. Y de los que se hablan cuestan todos una barbaridad inasumible para el club. Total, que volveremos a caer en las garras del outlet. Las últimas prendas. Las terceras rebajas. Espero que el baile empiece pronto y que los que vayan a venir lo hagan en menos de diez días. Que caigan como gotas en La Palma y Agné cuente con todos desde el principio. Será un proyecto que comenzará con muchas dudas. En ellos estará resolverlas lo antes posible.