Por @juanjo_ramos
A los anticerveristas, con sincero respeto:
Perdón por no ver las cosas como ustedes, pedir la cabeza de Álvaro Cervera y meterme en la eterna espiral de cambios que en el fútbol conduce más veces al fracaso que al éxito. Por dejarme llevar por el pensamiento de que el último entrenador en el que se confió contra viento y marea en la Isla (Oltra) nos dio un ascenso a Primera.
Perdón por no criticar el juego del equipo esta temporada y quejarme solo amargamente ante Leganés y Llagostera. Tenía que haber censurado cada paso, hablando de antifútbol y esas cosas cada semana. Aunque haya visto buenos partidos (Las Palmas, Osasuna, Barça B, Zaragoza) y otros competitivos (Ponferradina, Alavés, Lugo). Debí quejarme porque el fútbol de Cervera, el que aplaudió el Heliodoro en muchas ocasiones las dos temporadas anteriores, es una indignidad para el Barcelona. Perdón otra vez, para el Tenerife.
Perdón por no formar parte de la campaña. Debí llamar al entrenador cacique, caudillo, desequilibrado, pequeño Mourinho o alguna lindeza semejante. Así sería mejor periodista me dicen.
Perdón por valorar la unidad plantilla-entrenador como algo bueno y satisfactorio para la marcha de cualquier equipo. Como una razón para no destituir al jefe en el que confían los que defienden nuestro escudo cada jornada. Debí lanzarme y hablar de un vestuario roto.
Perdón por conceder margen de error en el capítulo de fichajes. Por no utilizar calificativos como «lamentable, penoso, desastroso o catastrófico» para referirme a un mercado en el que llegaron al Tenerife dos buenos centrales (Hugo y Albizua), un mediocentro sobrado para Segunda (Vitolo), un delantero ambicionado por otros cinco o seis clubes (Ifrán), una de las estrellas del pasado Campeonato con 70 partidos a sus espaldas en Segunda (Uli Dávila) y un prometedor extremo (Guarrotxena). Por mucho que reconozca como graves errores a Jacobo, Ruso García y Juan Carlos y decepcionante a Maxi, sé que no es suficiente. Debí decir que todo se hizo mal.
Perdón por no pedir un cambio profundo en el club y alistarme en la alternativa a Concepción. Aunque no haya argumentos ni dinero para sostenerla. Aunque sea peor el remedio que la enfermedad.
Perdón por no criticar a otros periodistas en mi programa. Por considerar que nuestras miserias en la relación entre presuntos compañeros no le importan un pimiento a la audiencia. Tenía que haber criticado a los que defendieran a Cervera por vendidos e interesados. Perdón por hacer mi trabajo y entrevistar este miércoles a Cervera. Aunque fuera noticia y llevara sin hablar fuera de las ruedas de prensa más de siete meses.
Perdón. De verdad, perdón. Pero es que no me nace. No soy así. Prefiero equivocarme pensando yo solito.