Redacción Deporpress | El CD Tenerife enterró su sueño en el Heliodoro. Los últimos empates lo habían complicado todo. Pero había una opción para seguir peleando hasta la última jornada. Pasaba por ganarle al Lugo. Pero fue imposible. De entrada porque la alineación que eligió Rubén Baraja no parecía la más idónea para poder hacerle daño a un rival que se presentó con tres centrales.
Con ese escenario, el técnico local eligió romper su habitual pareja de ataque y reconvertir a Bermejo a acompañante del delantero. Podía salir bien. Igual que poner a un central como Álex Muñoz de lateral zurdo. O un lateral diestro como Moore de extremo. Pero, esta vez, a Baraja se le secó el jardín de la fortuna y el experimento resultó fallido.
También contribuyó que la necesidad de los gallegos devoró el sueño de los blanquiazules, que no tuvieron la misma intensidad de otras ocasiones. Puede ser lógico por lo comprimido del calendario. Pero también lo ha tenido que sufrir el Lugo, que sí llegaba antes a los duelos individuales, que era más solidario en los esfuerzos y que dejaba la sensación de que sí quería ir a por el partido.
Los gallegos tuvieron el justo premio de adelantarse en el marcador y Baraja, ya con todo perdido, la oportunidad de rehacer sus errores iniciales. La expulsión de Seoane también fue una invitación a que arriesgase porque ya no había otra solución. Elliot demostró en sus primeros minutos que la cesión de Lasure fue un error. Y que no merece la pena ir fuera a buscar lo que ya se tiene en casa. Especialmente cuando, como en este caso, solo cuesta dinero y corta la evolución de un canterano que, ofensivamente, puede dar muchas alegrías a los blanquiazules.
El director deportivo, Juan Carlos Cordero, tendrá trabajo por delante en los próximos días. Muchísimo. Este Tenerife no está en el playoff por pequeños detalles. Pero, sobre todo, porque regaló en su área tanto como lo que no encontró en la ajena. Deberá recomponer el equipo y quién sabe incluso si tendrá que buscar ahora otro técnico que lleve el volante del próximo proyecto tras la revalorización de un Baraja al que nadie discute su notable segunda vuelta. Y que suena con mucha fuerza para volver a ‘su’ Valencia como el entrenador que rompa su mala dinámica
Si la trayectoria del Tenerife hubiese sido la misma desde el principio de curso, ahora estaríamos hablando de otra cosa. Pero la ficción solo existe en la literatura y en los guiones de cine. En el fútbol se gana en las áreas. Y ahí es un milagro que un equipo que adolece de un delantero goleador desde hace varias temporadas pueda aspirar a algo que pretenda ir más arriba de la superación del listón de la permanencia.
Este Tenerife rozó la proeza. La tuvo al alcance de sus manos durante muchas jornadas, porque se la generó con la excepcional racha que destruyó hoy el Lugo, pero al final, como siempre suele pasar en los últimos años, nos quedamos sin nada de nada. Lo peor es acabar el curso con la sensación de que, otra vez, no hubo mimbres suficientes para no tener que escribir, al final de este texto, esas dos malditas palabras que acompañan la trayectoria blanquiazul desde hace ya demasiado tiempo. Oportunidad perdida.