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Pequeño

Por @rondoscutillas

El Tenerife confirmó ante el Málaga su mejoría. Compitió de tú a tú contra un candidato real al ascenso directo y estuvo mucho más cerca de hacerse con la victoria que su rival pese al 0-0 final. En el catálogo de virtudes hay que anotar que los blanquiazules firmaron su segundo encuentro consecutivo sin encajar goles y la resurrección en el costado izquierdo de la defensa de un voluntarioso Héctor Hernández, al que se había invitado a buscarse equipo en este mercado invernal a principios de enero.

La lesión de Samuel Camille le abrió las puertas de la titularidad y, por ahora, está aprovechando la oportunidad. Veremos cuál es ahora su rol con la llegada, esta misma semana, de Isma López para una demarcación que podría triplicar su número de inquilinos este mismo verano si contamos con el cedido Nahuel. En cualquier caso, abandonemos el futuro estival del Tenerife para centrarnos en el presente inmediato.

La hernia inguinal que sufre Nano abre las posibilidades de disponer de más minutos a Fernando Coniglio, que ante el Málaga no mostró grandes cosas. Es osado juzgar a alguien por apenas dos ratos, que es lo que ha jugado el argentino, pero sí que denota que aún no está en su mejor momento físico. Personalmente, lo veo con poca chispa y con mucho menos ritmo que el que muestran la mayor parte de jugadores de una competición tan exigente como esta Segunda División.

Con este panorama afronta el Tenerife una salida muy exigente. Nada menos que a La Coruña para medirse a un Deportivo que, tras el Osasuna, es el mejor local de toda la categoría. Los gallegos suman 27 puntos de 33 posibles en su feudo y son, junto a los navarros, Las Palmas y el Albacete, uno de los cuatro equipos que aún no conoce la derrota en su estadio esta temporada. Además, son el equipo más realizador en casa (23 goles en 11 partidos) y el segundo que menos concede (5 tantos) solo mejorados por los 4 que ha encajado el Alcorcón.

La racha del Tenerife como visitante nos la sabemos todos. Es más fácil ver nevar en la isla que asistir a una victoria del grupo que dirige José Luis Oltra como visitante. Solo el Córdoba, con 3 puntos, empeora los 5 créditos ganados por los blanquiazules a domicilio. De hecho, el saldo es tan negativo que apenas han sumado 1 de los últimos 18 puntos en juego actuando como foráneos (el del derbi canario en Siete Palmas).

Sea como sea, el Tenerife sale fuera de casa este fin de semana. Y eso es sinónimo, por ahora, a una excursión directa al infierno. Equivale a un tránsito por la calle de la amargura, cimentado en demasiadas derrotas que han supuesto, de paso, descartar con antelación la mayor parte de las ilusiones que había puestas en esta temporada. Veremos si el cambio iniciado en estas dos semanas tiene continuidad o si, por el contrario, reaparece otra vez la habitual y reprochable versión de la primera vuelta a domicilio.

A José Luis Oltra y a los jugadores que están desde el primer día se les ha agotado el margen para buscar excusas y culpables. Porque el rendimiento que han ofrecido lejos de la isla les sitúa aún en el grupo de los peores junto a equipos que, como el Nástic, el Córdoba, el Extremadura, el Reus o el Rayo Majadahonda, sí que tienen más argumentos que los blanquiazules para no tener que esconder tanto la cabeza cuando se les cuestiona sobre la pobreza de sus prestaciones fuera de casa. Todos los jugadores que tengan un mínimo de amor propio saben cómo han rendido lejos del Heliodoro en la primera vuelta y, a los que esto les importe un poquito, sabrán también por qué han actuado así de mal. Urge un análisis para variar esa pésima trayectoria. A partir de ahí, esta es la primera oportunidad para rectificar. Para mejorar el rendimiento individual como principal argumento que nos lleve a ser, de verdad, un equipo de fútbol.

Así que, si hay que caer en Riazor este sábado, que sea porque el Deportivo fue mejor. Porque haya que darles la enhorabuena al mostrar un nivel de fútbol e inspiración difícilmente superable. Este Tenerife tiene que competir, desde ya, en la Península igual que lo hace en la isla. Es la única vía para desterrar, de una vez por todas, su imagen de equipo triste, vulnerable y pequeño.