Por @beatrizpalmero
La situación de la mujer ha cambiado notablemente en los últimos 40 años, nadie puede dudarlo. La democracia, la movida de los 80, la constante lucha feminista por recuperar el tiempo perdido, por alcanzar de forma efectiva la igualdad no ha dado tregua a un país en el que la mujer ha tenido siempre poco protagonismo en la esfera pública. Pero, pese a esos avances, el camino por recorrer aún es largo, aunque las nuevas generaciones están empeñadas en hacerlo con pasos de gigante.
El deporte, como siempre, refleja la sociedad en que vivimos. Hace 30 años el fútbol femenino no era nada. Cuando era pequeña me enamoré pronto del deporte. Practiqué la gimnasia rítmica (no duré mucho, sinceramente) y el baloncesto (todo muy típico). Pero amaba ir al Heliodoro cada domingo, así que un día pregunté si las mujeres no jugaban al fútbol. Mis compañeros de grada, adultos por supuesto, se rieron. “El fútbol es un deporte de hombres”, me dijeron. No lo entendí demasiado, pero entonces, todavía no se había dado el gran salto en la educación. Las niñas no recibíamos el mensaje de que podíamos lograr lo que quisiéramos, por mucho que en el colegio, femenino, eso sí, nos repitieran que esforzarse es de valiente. Sólo con los años fuimos adquiriendo la conciencia de que había mucho que cambiar y mucho por hacer, y que el cambio empezaba por pequeños cambios, día a día. Luché por ello, y luché contra aquel futbolista que me preguntaba si realmente le iba a hablar de fútbol. Y detrás de mí las nuevas generaciones venían cada vez con más fuerza. Y también quisieron conquistar el fútbol desde dentro.
Este fin de semana, unas jovencitas que aún no han cumplido la mayoría de edad, han conquistado el primer título mundial de fútbol para España, y, como antes hicieron los chicos en las categorías inferiores de la selección española, han puesto las bases para los éxitos del futuro. Ya había en las vitrinas muchos campeonatos europeos, pero la gloria mundial acaba de llegar. La sub-17 es sólo un ejemplo de que lo mejor está por venir. Y lo mejor, ya saben, es un mundo donde cada vez hay menos diferencias de oportunidades y, por tanto de logros, entre hombres y mujeres. Muchas felicidades, pequeñas valientes. Están protagonizando la historia. Y que haya muchas más detrás de ustedes.