Redacción Deporpress| La actuación arbitral volvió a condicionar un partido del Tenerife lejos del Heliodoro. No es la primera vez que sucede este curso. Y, por la línea que describen los blanquiazules en cuento a su mala suerte con los jueces, parece que tampoco será la última.
La decisión de repetir el córner que terminó en el gol de Carlos Pomares, una vez materializado, resulta sorprendente. Sobre todo porque el galimatías arbitral aumenta debido a los constantes cambios en los criterios y la aplicación del VAR. Algo que, cada vez más, se parece al tedioso y denso reglamento de la Fórmula 1 que al de un deporte tan popular como el fútbol.
El aficionado no sabe lo que se señala. Los comentaristas y narradores televisivos, tampoco. Y, lo que es más importante, los propios futbolistas tampoco aciertan a comprender las decisiones de los que, en teoría, deben impartir justicia y, de un tiempo a esta parte, se han especializado en condicionar resultados y determinar partidos en función de la dirección en la que sople el viento ese día o la camiseta que lleve un equipo y otro.
La sensación es que el Tenerife ha vuelto a ser atracado a domicilio. Y la situación de indefensión que se genera tras acciones como las de La Romareda, Butarque o el Carlos Tartiere van costando cada vez más puntos e impiden consolidar una progresión que no termina de despegar. Moreno Aragón determinó el partido al mandar repetir el córner del gol de Pomares una vez que el balón acaba dentro. Y nunca antes. Da que pensar. También el hecho del criterio a seguir para repartir tarjetas. La estadística refleja que el Zaragoza realizó 14 faltas (y no vio ninguna amarilla). Y el Tenerife cometió dos más (16) y recibió 5 amonestaciones. Hablamos de quintuplicar la cifra (no de duplicar o triplicar) y eso, en un partido sin acciones especialmente violentas por ambos bandos, supone una aberración. Si lo del árbitro no fue un robo, se empeñó en que lo pareciese.
Lo que es una realidad más que palpable es la nula capacidad del Tenerife para variar el rumbo cuando tiene el marcador en contra. Más allá de la acción del córner que acaba en el gol anulado a Pomares y la doble ocasión generada en la repetición a disparos del propio Pomares y de Bermejo, la posible reacción blanquiazul se limitó a los chispazos ocasionales de Samuel Shashoua. Cosquillas para un Zaragoza en el que Juan Ignacio Martínez adoptó el ‘modelo Ramis’ con el 1-0 a la hora de minimizar al adversario y hacer que no pasen cosas.
Los isleños no fueron capaces de generar nada potable en el segundo acto. Y eso, cuando tienes 45 minutos por delante y consigues tan poco en ese lapso de tiempo pese a cambiar hasta cinco piezas de tu plan inicial, resulta muy preocupante. También lo es lo poco que necesitan los rivales para doblegar al Tenerife cuando juega lejos del Heliodoro. Esta vez bastó un centro lateral, manifiestamente mal defendido, y un despiste en las marcas para propiciar un cabezazo nítido que acabó en gol. A partir de ahí la nada, salvo lo anteriormente reseñado. Demasiado poco para un equipo que debe aspirar a encontrar, cuanto antes, la manera de cambiar el rumbo de los partidos cuando encaja primero. Porque, de lo contrario, tendremos que resignarnos a ver cómo el calendario avanza sin que el equipo que dirige Ramis sea capaz de borrar esa imagen de la segunda parte en La Romareda, tan triste como penosa.