Por @rondocutillas
El Tenerife ha vuelto a la senda del triunfo. Rompió su tendencia de empates hacia el lado positivo y tumbó a una ordenada Cultural Leonesa (2-0) en apenas diez minutos. Lo hizo sin un fútbol brillante. Sin púrpura ni lustre. Ganó, posiblemente, porque este año tiene arriba más pegada que nunca. Y porque su pareja de delanteros habitual (Malbasic-Longo) lleva una decena de goles entre los dos pese a los partidos que se han perdido ambos, bien sea por llegar casi al límite del cierre del mercado o por las lesiones.
Si la estadística no miente, el dúo ofensivo del Tenerife culminará el campeonato rondando la treintena de dianas. Y eso, traducido a puntos, debe dar para bastante en la clasificación final también. No me olvido de Juan Villar, que ha demostrado con creces su reputación como definidor en el Valladolid y también en el poco tiempo que, por ahora, hemos podido disfrutarlo con la blanquiazul. Se trata de buscar la manera de que esos tres futbolistas cuadren en el once. Sin que el resto del dibujo se emborrone ni el equipo se descosa, claro.
La cuadratura del círculo no es sencilla. Y en esas debe andar Martí todavía. Sin dar todavía con la fórmula que haga conciliar el y la solidez con ciertas garantías. En esa ecuación, al menos en mis cuentas, se hace indispensable el concurso de Alberto o Bryan Acosta. Sobre todo para jugar fuera. O para cerrar los partidos de casa como hizo en la parte final contra la Cultural.
Dejando a un lado las cábalas del técnico, que ya tiene bastante con tratar de encajar las piezas del puzle para hacer que el rompecabezas tenga sentido, sí me gustaría incidir sobre un asunto que me llama poderosamente la atención. Hablaba Martí hoy miércoles en las páginas de La Opinión de Tenerife del negativismo del entorno. Y lo señalaba como un factor primordial para impedir que, por ahora, exista una unidad como la del año pasado.
Los francotiradores de la crítica han vuelto a desempolvar la escopeta. La han sacado del armario del rencor y la impaciencia e, independiente de que cuenten o no con la coartada del resultado para hacer uso de sus balas, las disparan a discreción. El entrenador ya está en su mira telescópica y van a por él. Como ocurrió con Cervera.
Recetaba optimismo en esa entrevista el técnico balear. Y tiene razón. Considero que este equipo se ha ganado el crédito suficiente como para tener pensamientos positivos. Se merece que lo animemos. Desde el pitido inicial al final. De agosto a junio. Este club es como es. Es el nuestro. El de todos. Esté quien esté y juegue quien juegue. Es el que nos representa. Lo hagan bien o mal los que se pongan la blanquiazul en cada partido o el que los dirija desde el banquillo. Por eso abogo por extinguir desde ya los silbidos y desterrar el runrún del Heliodoro hasta cuando se gana por 2-0. Basta de eso.
A los que tienen ganas de ruido, les pido cariño y aplausos. Un poco más de paciencia. Que exijan resultados y emitan sus notas en junio. Pero que no pongan más palos en las ruedas de los que ya nos vienen a colocar desde fuera. Ahora que parece que el espíritu de Getafe está herido de muerte, toca reflexionar. Y cerrar filas. Ninguna relación prospera si se edifica desde el reproche. Y menos aún si este se convierte en arma arrojadiza cuando la otra parte comete un error o no está a la altura de lo que esperamos. Por eso, espero que el Tenerife siga creciendo en El Alcoraz este sábado. Para alimentar el optimismo y para que la próxima semana, por fin, seamos capaces de vivirla con un poco más de paz.