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Patrimonio

Por @rondoscutillas

La semana avanza sin noticias en el capítulo de altas. Una vez hecha la compra de lo que se quería y se podía traer, regresamos al típico parón que coincide con el inicio de los partidos de pretemporada. Se cumple, un año más, la hoja de ruta para los equipos de Segunda que, como el Tenerife, no disponen de una chequera ilimitada para incorporar lo que precisan a la velocidad deseada por la dirección deportiva, el cuerpo técnico y la afición.

No somos el Osasuna, el Granada o el Sporting. Los tres juegan con mucha ventaja respecto al resto. Probablemente demasiada. No solo porque acaban de bajar y su capacidad de gasto es aplastante para fichar prácticamente lo que quieran. Es que también son capaces de pagar traspasos y salarios de ‘nivel Champions’ para el límite al que pueden llegar los demás.

Sus técnicos, a diferencia de los entrenadores de los 19 equipos restantes, ya tienen casi todo lo que necesitan. Por eso podrán trabajar esas nuevas piezas esenciales con la antelación lógica. Y las ensamblarán a su antojo en estas semanas de amistosos y probaturas. Lo normal es que los equipos que dirigen Diego Martínez, José Luis Oltra y Rubi lleguen a la Liga mejor acoplados que cualquiera. Además, si de aquí a que el balón empiece a rodar en serio notan alguna carencia, les bastará con levantar el dedo y pedir lo que quieren que les traigan. Ellos sí tienen barra libre.

En el Tenerife, en cambio, habrá que contentarse con lo que hay. No es poco. Y, además, casi todo lo que ha llegado tiene buena pinta. Pero sabemos que a esto del fútbol se gana en las áreas. Que el gol se cotiza caro y que los jugadores que los consiguen hay que pagarlos a precio de oro. Algo tan tangible como el hecho de que, con este panorama, solo quedan dos posibles soluciones. O se encuentra un ‘nueve chollo’ en el mercado internacional. O se espera a los descartes y cesiones que surjan en los días y horas previas al cierre del mercado. No hay para más.

Para los impacientes, un apunte. El Tenerife realizó el año pasado tres de sus incorporaciones ofensivas con el campeonato ya arrancado. Aarón y Jouini lo hicieron el mismo día que concluía el plazo para fichar futbolistas. Y Amath N’Diaye, que fue el máximo artillero blanquiazul en el último curso, cerró su cesión a la entidad un 28 de agosto.

Sé que asusta la idea de pensar que aún queda un mes, o incluso algo más, para ver a las principales bazas ofensivas del Tenerife a las órdenes de Martí. Y que tres de los rivales por el objetivo del ascenso te van a sacar, prácticamente, todo ese tiempo de ventaja extra en forma de necesaria adaptación al sistema. Quizá ahí esté una de las razones por las que luego cuesta tanto arrancar la Liga en la zona de cabeza. El temor, esta vez, se multiplica porque el verano pasado ya había al menos un ‘nueve’ de referencia como el ‘Choco’ Lozano y, a día de hoy, esa figura no existe en la plantilla actual.

Empezar bien la Liga, especialmente con los rivales que ha deparado el calendario en las primeras jornadas, será un reto complicado. Pero esto es fútbol, el deporte en el que casi todo es posible. Y pobre del que quiera robarnos la ilusión.

Mientras agosto nos ayuda a despejar nuestras inquietudes relacionadas con la producción realizadora del Tenerife, no me gustaría dejar pasar la oportunidad de reflexionar, por último, sobre una tendencia positiva que, afortunadamente, también se repite verano tras verano.

La cantera blanquiazul funciona. Y, a falta de un ascenso a Primera, es la que mantiene el pulso económico de la entidad. El traspaso de Cristo González al Real Madrid por 750.000 euros es todo un acierto. Supone sacar algo por alguien que no iba a darte nada en el filial y que el 30 de junio iba a irse libre.

Si a esa cantidad le sumas lo ingresado por otros canteranos como Ayoze Pérez, por el que el Newcastle pagó 2 millones hace dos veranos. O Nano, que se fue al Éibar en 2016 a cambio de 3,2 millones, tenemos que el club ha ingresado, gracias al talento de los jugadores formados en la casa y a la proyección alcanzada a base de minutos de calidad en el primer equipo, la nada despreciable cifra de 5,95 millones. Geneto es un gran aval de futuro y, sin duda, constituye nuestro mejor patrimonio.