Por @rondoscutillas
El CD Tenerife tiene un problema. Puede que sean hasta varios incluso, pero hay uno que sobresale más que los demás. Y si no logra solucionarlo va camino de hacerse crónico. Por unas razones o por otras, apenas compite lejos de la isla. Un lastre enorme que, lejos de disminuir, aumenta jornada a jornada. Jugar como visitante es su kriptonita. Todos los buenos síntomas que apunta en el Heliodoro se quedan encerrados en la bodega del avión que los lleva a la Península. Apenas suma 2 de los últimos 15 puntos que se han disputado y esos números son impropios para cualquier equipo que pretenda aspirar a algo importante.
Los motivos de ese apagón también son diversos, pero están directamente relacionados con una desconexión inicial que suele costar cara. En ocasiones, como en Lugo, hay chispa para alumbrar algo positivo. Pero el rival acierta primero con el gol y, a partir de ahí, solo hay oscuridad absoluta. En Lorca el adversario pegó primero. Y pegó incluso dos veces. El Tenerife, pese a que todo estaba puesto para una nueva humillación ante un adversario de los de abajo, se repuso y logró empatar. Sin cinco titulares en su alineación y con más pulmón que ideas.
Sin embargo, me resisto a pensar que este Tenerife, esta plantilla y este cuerpo técnico no sabrán sobreponerse a esta adversidad en forma de pesadilla visitante. Particularmente, estoy cansado de que Martí reciba reproches cada vez que las cosas no salen. Sé que el fútbol no tiene memoria, pero mi alma de periodista me pide recordar, llegados a este punto en el que se afilan las guadañas y suenan las marchas fúnebres, que no hay ninguna razón para dejar de confiar en este equipo. En esta plantilla. Y también en su técnico.
Martí tiene ahora más experiencia en un banquillo que el año pasado por estas fechas, en las que el Tenerife era vigésimo en la clasificación después de 11 jornadas. Había ganado solo 2 partidos, empatado 5 y perdido 4. Tenía el ascenso directo a 9 puntos y el playoff a 5. Una gran parte del entorno apostaba por su cese. Pero el Consejo de administración decidió mantenerlo.
La estadística nos dice que la situación actual, sin ser idílica ni para tirar cohetes, no es tan mala. Entiendo las protestas, las críticas y hasta las dudas hacia el técnico. Pero también convendría escribir ahora, para ser justos, que este mismo entrenador, con sus ideas y sus fórmulas, llevó al club al playoff y fue capaz de mantenerlo en esa zona, con sus aciertos y errores, desde enero de 2017 y hasta que terminó el curso.
La impaciencia no es la mejor bandera a la que agarrarse cuando vienen curvas. Y el Tenerife afronta, por segunda vez en 15 días, tres partidos en una semana. Luego está la plaga de lesiones y dos rivales de máxima exigencia, un Primera en Copa, y el líder de Segunda en el exiguo margen de 4 días. Casi nada. Por eso, a los críticos, a los ansiosos y a los predispuestos a disparar antes de preguntar les pido menos inquietud y más apoyo. Más unidad y menos alfombra roja a la intransigencia.
No sé quién fue el que dijo aquello de que es importante mirar atrás para aprender de los errores. Pero creo que ahora también es básico hacerlo para darnos cuenta de que la guillotina del cambio radical no es siempre la mejor solución. Recordemos cómo estaban las cosas justo un año atrás y aprendamos, esta vez también, de los aciertos del pasado.