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Partidarios y detractores (5-11-14)

Por @jf_rojas

El debate interminable. Las naves marcianas arrancan de nuevo los motores con el cansino y rutinario debate entre partidarios y detractores de Cervera como telón fondo. Cada suceso, sea de la naturaleza que sea, se interpreta de dos maneras completamente opuestas que sólo coinciden en colocar al técnico en el centro del mundo. Es un intercambio aburrido y poco enriquecedor porque pocas veces las partes se reconocen la razón en nada. La cuestión sin embargo es que el fútbol es un fenómeno complejo y por mucho que los debates de trinchera terminen por caricaturizarlo cualquier análisis que ignore esa cualidad estará condenado al fracaso. Más allá de las visiones monolíticas, el panorama actual arroja de todo: bueno, malo e incierto.

Lo bueno. La mejoría del Tenerife en las dos últimas fechas es una evidencia que supera el debate. No creo que Cervera, como defienden sus detractores, se haya plegado a las críticas apostando por otra cosa. En realidad, el técnico ha profundizado en su idea reencontrando la fórmula del año pasado. Ante Barsa B y Zaragoza el Tenerife fue el equipo intenso y agresivo que explota al máximo las debilidades del rival. Un equipo de autor, brillante cuando los partidos se desarrollan desde la respuesta táctica al contrario y que además ahora cuenta con el jugador que le faltaba para completar el discurso. Los que mantenían que la llegada de Ifrán daría otra dimensión tenían toda la razón. Con el uruguayo, el Tenerife alcanza el mejor nivel del año pasado y oposita a dejar atrás el mal inicio de Liga.

Lo malo. El reverso de lo anterior sugiere que tras algunos intentos, Cervera se declara incapaz de ofrecernos un perfil de fútbol diferente del que ya le conocíamos. Se suponía que esta temporada el Tenerife daría un paso adelante en sus aspiraciones y para eso apostaba por jugadores de otra naturaleza. La desaparición de Uli Dávila sin embargo representa el fracaso del técnico en su búsqueda de otra idea. Si a los entrenadores también se les mide por su capacidad para integrar recursos, entonces en el debe de Cervera habrá que apuntar su incapacidad para sumar al mexicano y su escasa habilidad para manejar cuestiones como la del Ruso García. Ya he escrito en más de una ocasión que no me gusta ese aire caudillista con el que gestiona Cervera estas cosas. Ese “conmigo o contra mí” que le caracteriza siembra tempestades futuras y explica el clima enrarecido que lo preside todo.

Lo incierto. Pese a la seguridad con la que se manifiestan los partidarios de Cervera sobre la fórmula del equipo en estas últimas victorias aún es dudoso que todos los problemas estén resueltos. Los mejores desempeños de la temporada (Las Palmas, Barsa B, Osasuna o Zaragoza) han coincidido con rivales sin complejos que aceptan tomar la iniciativa desde la posesión y el dominio. La agresividad y velocidad del Tenerife son un antídoto poderoso ante los que aceptan el rol de protagonistas en el juego. Está por ver sin embargo que soluciones como la del trivote que hoy parecen la panacea funcionen igual cuando el Tenerife sea el equipo obligado a mandar. El reto de Cervera y el factor que desnivelará la balanza de los debates reside en que el técnico encuentre la forma de afrontar esos partidos con las mismas garantías. Si lo consigue los detractores más radicales seguirán negándole el mérito pero esta vez tendrán que hacerlo sin ningún argumento.