Por @juanjo_ramos
Paren, paren, que nos conocemos. Va todo bien. Pero solo llevamos cuatro jornadas. Este Tenerife, cierto es, invita al optimismo. Tiene una idea de juego clara, ha pulido sin ceder un ápice de seriedad defensiva su juego de ataque y maneja una mayor riqueza de recursos si lo comparamos con el de la temporada pasada.
El resultado es un equipo invicto hasta la fecha, metido (anecdóticamente) en puestos de playoff y con tres puertas a cero consecutivas. Apunta, además, a buen grupo. El cambio que ansiaba Juan Carlos Cordero empieza a consolidarse. Cogió un equipo blando, aunque tuviera cierto futuro, y lo ha convertido en una roca.
¿Hasta dónde puede llegar? Es difícil vaticinar eso en Segunda y con 38 jornadas por delante. De ahí que convenga mantener la calma, frenar la euforia y centrarnos en disfrutar del camino. Dejar de pensar en lo que vendrá, con mucha suerte en el mes de mayo, y vivir cada pasito de un equipo al que vemos capacitado para competir en cada partido y contra cualquier rival.
Quedan dudas por resolver: si Enric Gallego aportará los goles que necesitamos, cómo encajar a Aitor Sanz cuando vuelva, responder a lesiones como la de Álex Bermejo y hasta a situaciones de partido que aún no se han dado (véase ir por detrás en el marcador). Pero cuando lleguemos a esos ríos ya nos remangaremos los pantalones.
En resumen, no me conviertan al Tenerife en candidato para que no se lleven luego un chasco si se nos cae. Que la Segunda es muy exigente y muy larga. Pero hasta ahí, que no les quiero bajar el lote. Tener esperanzas e ilusiones es primordial en la vida. Y si una de ellas vuelve a ser ir al Heliodoro, bienvenida sea. Bastante tenemos ya con la pandemia.