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Paraíso

Por @rondoscutillas

El Tenerife tiene dos caras. Transita por el primer mes de competición de manera desconcertante. Es capaz de lo mejor. Y, por desgracia, también de lo peor. Ilusiona y decepciona casi a partes iguales. No solo desde un punto de vista meramente pragmático y resultadista. También desde el de las sensaciones y el fútbol.

Se ha subido en la montaña rusa y, por ahora, deambula desconcertado con la brújula en la mano esperando a encontrar el camino correcto que le permita caminar por la avenida de la regularidad con la cabeza levantada. No es que presente una sintomatología de especial gravedad, pero sí le cuesta un mundo encontrar el norte en determinadas situaciones. Especialmente cuando no tiene el balón y es incapaz de presionar al rival con cierto sentido de la solidaridad para tratar de recuperarlo.

Martí se ha afanado en intentar coserle las costuras al dibujo que se difuminó peligrosamente en las salidas ligueras a Valladolid y Córdoba. Un borrón, de vez en cuando, entra dentro de la lógica. Dos, en tan escaso margen de tiempo, son una amenaza. Especialmente porque si esta tendencia se consolida, el Tenerife acabará siendo una caricatura de equipo. Y eso, cuando se dispone de más pinceles que nunca para mejorar el cuadro logrado el último curso, sí que suena a inaceptable.

Ha habido autocrítica y propósito de enmienda tras lo sucedido en el choque de Liga en Córdoba. El de Copa, por fortuna, fue otra invitación al optimismo similar a las ya mostradas en otros partidos como ante el Zaragoza, el Barcelona B, el Rayo o el Granada. Y también fue la confirmación absoluta de que el Tenerife de este año tiene más fondo de armario que nunca. La segunda unidad, integrada por aquellos jugadores menos utilizados hasta el momento, le pone cada vez más complicadas las cosas al entrenador y acumula méritos para obtener galones de titular. Quizá alguno de ellos obtenga su recompensa este mismo sábado ante el Alcorcón en el Heliodoro.

El próximo inquilino del estadio, por cierto, es el único equipo que aún no ha perdido de toda la Segunda División. Suma 9 puntos con apenas 3 goles a favor. Y ese dato habla de una rentabilidad que raya prácticamente en el no va más en cuanto a eficacia. Su solidez reposa en la experiencia de sus jugadores de retaguardia y en un comportamiento solidario de todas sus líneas. Así que intentar conseguir los tres puntos ante el conjunto madrileño no será, precisamente, una tarea sencilla.

El Tenerife llevaba domiciliado entre los seis primeros clasificados desde el pasado mes de enero. Uso el pasado porque, por vez primera en todo este tiempo, salió de esa zona el pasado domingo. La proeza tiene muchísimo mérito y refleja el cambio de rol de un grupo que, cuando es ambicioso y se aplica como un bloque, puede zarandear a cualquier equipo. El ejemplo de lo vivido en el segundo tiempo ante el Granada, con la grada identificada con el esfuerzo de los jugadores para reponerse a la adversidad de la expulsión de Suso, es un ejemplo del carácter y la personalidad que hay que mostrar para que los blanquiazules regresen otra vez a los puestos de privilegio. Esa es la vía más fácil que conozco para empadronarse en el paraíso.