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Para quitarse el sombrero

Por @beatrizpalmero

 A menudo he utilizado estas líneas para hablar de un deporte que me apasiona: el voleibol. Y creo que esta semana era ineludible hacerlo después del precioso espectáculo ofrecido por dos equipos tinerfeños en las semifinales de la Liga Iberdrola. Y tenía que hacerlo porque, por primera vez, desde los duelos entre los ya desaparecidos Marichal y Hotel Cantur, dos equipos canarios han luchado a corazón abierto por cada punto, de tú a tú, ofreciendo emoción en choques igualados e impredecibles en todo momento.

Cierto es que, a pesar de la crisis, hemos tenido siempre representantes de las Islas en la máxima división del voley, y también en el escalón inmediatamente inferior, dando buena cuenta del buen trabajo que se ha hecho siempre desde la base en este deporte. Sin embargo, esos choques han sido, en términos generales, desiguales, con un ganador muy previsible a priori.

Sin embargo, el Arona Voley ya demostró en la Copa que era un equipo muy hecho y muy bien trabajado, que había ganado con las incorporaciones de Ana Correa y Nira Pérez y sorprendió a un Haris que organizaba el torneo. Con ese antecedente, se plantaba en la eliminatoria dispuesto a dejar en la cuneta al actual subcampeón de la Superliga.  Y, sin duda, hizo saltar todas las alarmas en el equipo lagunero después de ganar el primer partido de la serie en el Pablos Abril de Taco remontando un claro 2-0, poniendo sobre el parqué sus armas no para presentar batalla, sino para ganarla. Un Arona que debutaba en la categoría haciendo una apuesta importante por el Universo Mujer, con un cuerpo técnico íntegramente femenino, y con una entrenadora jugadora y que ha terminado la temporada colocando el listón más alto de lo que nadie habría adivinado en octubre. Para quitarse el sombrero.

La grandeza del Dimurol Libby’s ha estado en reponerse a ese mazazo, lesión de Kyra Holt incluida, para levantarse y decirle a las de Romina Lamas que no iban a rendirse tan pronto. El resultado: un voleibol vibrante, disputado, emocionante, de los que hacen afición. Finalmente, fueron las de David Martín las que se llevaron el gato al agua, a base de levantarse cada vez que el Arona golpeaba. Para quitarse el sombrero también.

Pero, sobre todo, lo que nos deja esta eliminatoria, es el sabor dulce que nos deja el deporte, esa emoción que sólo podemos sentir cuando nos dejamos llevar por lo que nos transmiten las jugadoras desde la cancha. Enhorabuena a ambos equipos. Y suerte al Dimurol Libby’s. Viendo esta eliminatoria hay espacio para soñar. El Minis de Arluy Logroño tendrá que sudar para revalidar título. Y pase lo que pase, espero, de nuevo, poder quitarme el sombrero.