Por @ivanvillanua
Lo hablaba hoy con mis compañeros de entrenamiento. Miguel Ángel Ramírez hizo todo lo posible para que su equipo no metiera la pata con ningún comentario desafortunado antes del derbi canario y resulta que fue que Paco Herrera, en la rueda de prensa posterior, quien se terminó autoinmolando. Desde mi punto de vista personal, al entrenador le sobraron dos frases que ni venían a cuento ni sumaban. Y esas dos citas, con el paso de las semanas, le están pasando factura.
«Tenemos que corregir este asunto de que la afición reciba a los jugadores así. No me gusta». Ese fue el primer error. La afición de Las Palmas lleva años empujando a los suyos en un partido tan importante como ese. Al igual que los blanquiazules. Sobra decir que este acto de apoyo y amor a unos colores resulta un motor que el club no puede permitirse el lujo de perder. Al fin y al cabo todos esos aficionados son los que compran, ilusionados, su abono y acuden cada quince días al campo. Si recibieron a la plantilla así es porque les salió del corazón. Y si Las Palmas no sacó un resultado mejor no fue porque miles de personas vestidas de amarillo los acompañaran en los últimos metros hasta el Gran Canaria. Quizá el problema estuvo, simplemente, en que no metieron uno más que su rival.
«Hay algún jugador que ha desaparecido». O algo similar comento. Se refería a Araujo. Que sí, es cierto, quizá no esté en su mejor estado de forma. Pero las preguntas a esta «desaparición», deben hacerse hacia adentro. En el vestuario. Y no exponiéndolas a un debate que, para nada, beneficia ni al futbolista ni a su plantilla. Si Araujo está mal habrá que hablar con él y preguntarle si le pasa algo. Trabajar para recuperar su fortaleza mental y esperar a que recupere el olfato. Flaco favor le hizo ese día al delantero y también al futuro de la plantilla.
Aquellas frases trajeron este barro. Y resulta extraño que, sabiendo de la experiencia del entrenador, haya caído en este absurdo error. Herrera es un tipo más que capacitado para ascender a un club a Primera División. Pero no a cualquier precio. Ni mucho menos valorando cuán de aficionado es cada ciudadano de Gran Canaria. Ese día tiró la psicología de grupo al contenedor azul. Al del papel que se moja para ser reciclado. En vez de felicitarles y aplaudirles por su apoyo hizo todo lo contrario: hacerles dudar. Craso error. Después de un mes, la crisis deportiva se avecina. Y llega justo en el peor momento. Cuando más emocionante se pone la zona alta.