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Paciencia

Por @rondoscutillas

No es la primera vez que apelo a la virtud que encabeza el artículo de esta semana. Es una de las cualidades que más admiro en el ser humano junto a la perseverancia. Supongo que es porque ambas hay que desarrollarlas y no pueden adquirirse en ninguna tienda. Lo maravilloso de cualquiera de las dos, además, es que son tremendamente volátiles. Podemos ser capaces de reunirlas con el paso de los años o, incluso, perderlas por completo y situarlas en mínimos que no encajarían en las normas de ninguna sociedad civilizada.

El Tenerife cumplirá seis cursos consecutivos en Segunda con la temporada que arranca este lunes. Y, desde que reingresó en el fútbol profesional, cada una de ellas ha estado dominada por la exigencia. La ambición de querer estar lo más arriba posible es lícita y absolutamente sana. Pero cuando un objetivo se vuelve obsesivo, suele tornarse todavía más inalcanzable.

Recuerdo, dentro de ese capítulo de obsesiones deportivas, la del Real Madrid y la Copa de Europa. Crecí en los 80 con el constante bombardeo mediático de ‘la Séptima’ y asistí a varios naufragios de equipos, plantillas y quintas con talento, pegada y carisma que fracasaron en el intento. Transcurrieron nada menos que 32 años entre ‘la Sexta’ y la conquistada en Amsterdam frente a la Juventus. Y, en el tránsito de ese desierto, el frenesí por conquistar esa meta la alejó mucho más. Mis amigos merengues nacidos en la década de los 70 del pasado siglo tuvieron que esperar hasta 1998 para ver su sueño hecho realidad. Y luego, en una época sin tantas urgencias históricas y en la que ‘solo’ han transcurrido 20 años más, los blancos ganaron ‘la Octava, ‘la Novena’… y van ya por ‘la Decimotercera’.

Viene esto a cuento porque, de un tiempo a esta parte, en esta isla no importa otra cosa que no sea subir a Primera. Es cierto que estuvo muy cerca hace poco tiempo, cuando el Getafe fue un gol mejor que el Tenerife en aquella eliminatoria para ascender. El ejemplo del último ejercicio, en el que pese a tener una plantilla de mucho nivel jamás se estuvo en disposición de luchar por ese sueño, convirtió el viaje de aquellas 42 jornadas en una auténtica pesadilla. La ansiedad, las críticas y el ‘quiero y no puedo’ final fueron una demostración palpable de lo complejo que resulta la empresa en la que se ha embarcado el Tenerife.

Llegados a este punto, admito que no sé si este intento será el bueno. O no. Ni siquiera tengo elementos de juicio para vislumbrar la cercanía o la lejanía de lo que todos queremos. La pretemporada, sin apenas rivales de categoría con los que medir dónde estamos realmente, ha dejado pocas pistas. Y también desconozco el nivel del resto de rivales de esta Segunda.

Solo sé que el club ha hecho lo que ha podido en el mercado de fichajes. Puede que sea suficiente. O puede que no. La propia competición nos dirá a qué aspiramos realmente. El objetivo de este curso, de puertas adentro, es ir semana a semana. Algo enormemente complicado en un entorno que siempre ha mostrado su tendencia natural para pasar, de manera supersónica, del optimismo al pesimismo. Y viceversa.

Joyce Meyer escribió una vez que la paciencia “no es simplemente la capacidad de esperar, sino cómo nos comportamos mientras estamos esperando”. Y, en esas 42 semanas que ahora se inician, es donde realmente la afición del Tenerife debe dar un ejemplo de madurez. Recuerden que esto no se vende en las tiendas porque es, simplemente, paciencia.