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Pablo González: «El fútbol sala me lo ha dado todo; lo mejor y lo peor»

Dani Cerdeña (Santa Cruz de Tenerife) | Pasan unos minutos de las 16.30 horas. Me presento en el Pabellón Quico Cabrera y allí está presente Pablo González. Ahora juega en Italia, pero expresa una férrea puntualidad alemana, una costumbre que en España rara vez tratamos con respeto: no hacer esperar al otro. Con un afectuoso abrazo, nos saludamos antes de ponernos manos a la obra. Conversamos off the record unos minutos antes de darle al botón de red a la grabadora del móvil. Por delante, treinta y cinco minutos de conversación en un escenario idílico: desde los asientos de la grada, el excapitán –o ‘Il Capitano’ en clave italiana- del Uruguay Tenerife y Tenerife Iberia Toscal nos cuenta sus vivencias en su tercer año en Italia, donde sigue disfrutando de lo que más le gusta: el fútbol sala. Pero no todo iba a ser deporte. También hablamos de turismo, madurez, de los ciclos de la vida… En definitiva: pasado, presente y futuro.

Dani Cerdeña: 6 de septiembre de 2017. El inicio de una nueva etapa en Italia. ¿Orgulloso de haber dado el paso?

Pablo González: Sin duda. En un principio, tuve mucho miedo. Había tenido anteriormente oportunidades de salir fuera, pero nunca me atreví a dar el paso. Personalmente, tengo que dar las gracias a Josué (Cancio), además de a amigos y familia, pero él fue el primero que salió, pues tuvo una mala experiencia después de que lo echasen a los cuatro meses de aterrizar en el nuevo equipo en Italia. Se vino para acá, terminando con nosotros la temporada en el Tenerife Iberia Toscal. A partir de entonces, empezamos a hablar que aprovecharíamos la oportunidad de irnos juntos si se daban las circunstancias oportunas. Y así fue. Ya son tres años allí. Contento y orgulloso por haber tomado dicha decisión.

[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»right»]»Tuve miedo de dar el paso, pero con Josué fue mucho más fácil».[/quote]

DC: Siempre ha recalcado que Josué se convirtió en pieza clave para lanzarse a la aventura. ¿Ha sido como un hermano?

PG: Sí, por el hecho de que estuviera ahí dándome la tabarra, por así decirlo. Más allá de salir de la zona de confort, lo cual es complicado para todos, el miedo principal era cómo iba a salir todo. Compañeros míos habían probado fortuna y no les había ido tan bien en sus experiencias, tanto en el trato como en el tema de cobros. Eso me infundía cierto temor. Pero cuando te vas con alguien, en este caso con Josué, sabes que va a estar contigo en los malos momentos. Ha sido un apoyo importante. Ya jugamos juntos en el Uruguay y el Iberia, pero ahora hemos compartido tres años juntos en Italia.

DC: ¿Se siente ya como uno más?

PG: Allí me dicen que soy más ‘campobassano’ que tinerfeño. En ese sentido, la experiencia está siendo sumamente enriquecedora. Vivir de ello a través de lo que más le gusta a uno: el fútbol sala. Además, aprendes un idioma, conoces gente nueva, una cultura distinta… la mente se abre. Es un lujo.

[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»left»]»Estuve a punto de venirme a los tres meses, pero salí adelante».[/quote]

DC: Campobasso: ciudad pequeña, 50.000 habitantes, en mitad de la nada, lejos del ruido turístico… ¿Tiene ese aroma de pueblo?

PG: Exacto, es como un pueblo grande, pero todo está bien montado. Para mí, lo peor es la conexión que tiene con Roma, pues a la hora de coger un tren es un auténtico quebradero de cabeza. Nápoles está a hora y media, pero no tenemos ciudades importantes demasiado cerca. Sin embargo, allí me he sentido como en casa. La gente es increíble. El club nos ha tratado de maravilla, y los habitantes de la zona también. Es algo que guardaré siempre. Experiencias que te llevas para toda la vida. Una vez deje el fútbol sala, podré decir que he dejado buenas amistades para toda la vida en Campobasso.

DC: Vivir fuera y sentirse cómodo. Como una segunda casa. ¿Acaba cogiendo cariño al lugar?

PG: Soy bastante sentido en este tipo de cosas. Como primera experiencia fuera, el 90% ha sido muy bueno. El primer año fue el más complicado, ya que estuve a punto de venirme a los tres meses porque no me adaptaba al fútbol sala de allí, pero gracias a la gente pude irme sintiendo cada vez más cómodo y tranquilo. Tenerife siempre será mi casa porque ves el sol, el mar y dices como… ‘oh, dios. No sabemos valorar lo que tenemos hasta que no lo tienes’. Pero Campobasso, independientemente de lo que ocurra en el futuro, quedará en mi

recuerdo siempre.

DC: ¿Queda tiempo para hacer turismo?

PG: Por suerte, hemos tenido varios parones. Puedo decir que Roma está entre las mejores ciudades del mundo: es un lugar maravilloso, lleno de historia, donde puedes ir en cuestión de 10-15 minutos a sitios tan ilustres como el Coliseo, el Panteón, la Plaza Venezia… Por su parte, pensé que Nápoles no me gustaría tanto porque me habían hablado bien y mal de ella. Pero me encantó. Esa atmósfera particular napolitana es única. También he estado en Pompeya, con mucha historia; y Capri, que siendo una isla te evoca recuerdos de Tenerife. Hemos tenido suerte, aprovechando ese tiempo libre para ver muchos sitios.

DC: Se habla mucho de la Camorra. Cuando visitó Nápoles, ¿le infundió cierto respeto o vio algo fuera de lo normal?

PG: Sentí que era una ciudad sin ley. Recuerdo caminar por una calle bastante transitada con mi novia y ver una moto con el padre, la madre y un bebé en brazos circulando sobre ella, sin casco. Después, recuerdo a un hombre con un coche de licencia hablando por teléfono y con un niño en brazos. Era como: ‘¿pero esto qué es?’. Parecía la jungla, como una república bananera (ríe). Pero no puedo ir más allá de eso. En Italia dicen que se sigue percibiendo, pero no podría pronunciarme porque estaría mintiendo.

[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»left»]»Me manejo bien con el idioma. Me he acostumbrado a las entrevistas en italiano».[/quote]

DC: El idioma. ¿Progresa adecuadamente?

PG: Lo entiendo perfectamente. En cuanto al habla, creo que lo hablo bien, pero probablemente si le preguntas a un italiano, te dirá que lo hablo como un indio (ríe). Es cierto que en el primer año había un chico italiano que había estado de Erasmus en Madrid, por lo que entendía español perfectamente, así que nos ayudó bastante tanto a mí como a Josué con la lengua. Ahora, creo que me manejo bastante bien. Incluso, ya estoy más acostumbrado a entrevistas en italiano que en español. Estos días en casa he soltado alguna palabra en italiano inconscientemente, después de tanto tiempo seguido inmerso en el idioma. Se acaban mezclando los idiomas.

DC: Otra pregunta tópica. ¿Los helados y la pasta italiana juegan en otra liga?

PG: Soy muy goloso, por lo que los helados son buenísimos. Aquí también, pero allí tienen algo especial, no sé si es por el mero romanticismo de estar en Italia o porque realmente son mejores. Y aunque no me gustan las pizzas, Josué me dice que las italianas no tienen nada que ver con las españolas, ya que la masa es mucho más rica. En cuanto a la pasta, noto mucho la diferencia. Es increíble.

[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»right»]»Vivir fuera abre la mente. Ayuda mucho a crecer como persona».[/quote]

DC: Salir fuera acelera el proceso de madurez. ¿Cómo lo ha vivido en primera persona?

PG: Creo que ha sido positivo. Me siento orgulloso de mí mismo. Uno estaba acostumbrado a lo que se dice estar en casa con mamá, que era quien hacía las cosas, además de la ayuda de mis hermanos. En ese sentido, estoy viviendo en una casa junto a otros cuatros compañeros. Parecen tonterías, pero aprendes cosas tan cotidianas como poner una lavadora. Se dice que burro carga camino, así que vas aprendiendo. Luego, en cuanto a comida, acostumbramos a comer fuera, pero hay otras veces en las que toca ponerse el traje de cocina por cuestión de horarios y te haces sin problemas una pasta o un arroz. Buscarse la vida. Pero además, vivir fuera abre la mente, ayudándote a valorar qué importa realmente. Cuando llego en navidades, solo quiero estar visitando a mis amigos y a la familia. Ayuda mucho a crecer como persona.

DC: ¿Estar lejos de los seres queridos es lo que peor se lleva?

PG: Puede que sí. Sobre todo, lo notas cuando estás aquí durante los tres meses de verano y luego toca volver a hacer las maletas. No estar con tus amigos, pareja, familia… Se echa mucho de menos. Es verdad que con las redes sociales se ha mitigado esa distancia, pero no tienes ese contacto directo que parecen boberías; uno no las valora uno hasta que está fuera. Ahora, durante estas pequeñas vacaciones, busco aprovecharlo al máximo para estar con ellos. El hecho de estar en la mesa comiendo, compartiendo ratos, lo saboreo al máximo. Sin embargo, todos están tranquilos porque saben que estoy fuera porque quiero, haciendo lo que me gusta. Se pasó mal el primer año, pero ya está completamente superado.

DC: ¿Cómo es la rutina semanal?

PG: Por las mañanas, vamos al gimnasio. De tarde, entrenamos de lunes a jueves, mientras que el viernes es el único día de descanso. El sábado toca partido. Allí, también me encargo de entrenar a prebenjamines y cadetes, algo que me encanta. Estoy contento en ese sentido, ya que tengo el primer nivel de entrenador. Los domingos también descansamos, pasándose mejor cuando ganas que cuando pierdes.

DC: Habla de ser entrenador. ¿Es un objetivo una vez toque colgar las botas?

PG: Incluso, antes. Estoy hablando para sacarme el segundo nivel, aunque parece que a distancia se antoja complicado, pero lo intentaré. Es mi intención. Siempre me he sentido como un entrenador dentro de la cancha, hablando con mis compañeros, colocándolos… Lo he tenido desde pequeño y me encantaría, paso a paso, desde la base. Uno quiere aspirar a lo máximo, así que si un día puedo entrenar a nivel autonómico o en Segunda, bienvenido sea.

DC: Volviendo al presente, el año pasado se quedaron fuera de los playoffs con polémica. Este año, reseteo. Y van líderes en la Serie B -equivalente a Segunda B-. ¿La palabra ascenso está en el vocabulario?

PG: La pasada temporada sucedió lo que todos vimos, así que creo que no merece la pena ni comentarlo porque no sirve para nada, más allá de lastimarse. Creo que debemos aprender de ello. Este año, el club ha aprendido, con una plantilla compensada. Somos un aspirante al ascenso, aunque no sé si de manera directa, ya que el primero lo hace directo y del segundo al quinto luchar por los playoffs. Pero en el club se habla de ascenso desde el principio. Tenemos que seguir así. El proyecto está construido para subir a Segunda -Seria A2-, aunque toca ser humildes, con pies de plomo. Aunque suene a tópico, partido a partido. Ahora, viene la etapa más bonita, ya que llega la parte decisiva y, como primer clasificado, todos los equipos van a muerte contra uno. Si no se sube, debemos intentarlo hasta el último segundo.

[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»right»]»Siempre me he sentido como un entrenador dentro de la cancha, desde pequeño».[/quote]

DC: Entremos en detalle sobre aquella jugada, ¿qué siente personalmente cuando ve que aquella jugada les priva de luchar por el ascenso?

PG: No quiero hablar mucho de ello porque es lo más injusto que he vivido en el fútbol sala. Lo digo de verdad. Es una acción clarísima. Luego, hay un vídeo en el que se ve que el jugador tira, pero no solo eso, sino que toca en otro y ya de por sí tendría que ser doblemente invalidada. Pero el árbitro la dio como legal. Lo que más me mosquea es el hecho de que tiren todo el trabajo de una temporada por la borda debido a la decisión de una persona. Aunque esté mal decirlo, creo que lo hizo adrede. No tenía sentido. Hasta los jugadores del equipo rival se quedaron incrédulos. Se pasó muy mal. Recuerdo estar dos-tres días hecho polvo, llorando. Necesité compartirlo en redes sociales también como desahogo, para dar luz a esa injusticia y que se viese que también sucede en otros lugares.

DC: Comentaba que le costó adaptarse al fútbol sala italiano. ¿Qué cambia respecto al español?

PG: El tema del arbitraje. No quiero decir que sea mejor o peor, pero existen reglas con las que no estoy nada de acuerdo. Por ejemplo, yo juego de cierre, pero si el pívot está de espalda, no puedes defender con las manos. Para mí, es totalmente desconocido y absurdo. Se lo he comentado incluso a los propios árbitros, ya que esto no es baloncesto, sino fútbol: un deporte de contacto donde las manos se utilizan siempre. Allí también sufrí una expulsión hace un año, cuando en toda mi carrera no me han echado más de dos veces. Hice una falta que podía ser o no tarjeta, pero la segunda fue por levantar la mano cuando un compañero mío hizo una falta; solo por el gesto, sin ni siquiera protestar. Quieras o no, llevaba dos meses allí y me lo tomé bastante mal. Incluso, le llegué a decir a Josué que me iba. Cualquier cosa era falta. Luego, añades el hecho de que no sabes cómo se va a tomar el equipo tu expulsión. Mentalmente, afecta.

[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»left»]»Del fútbol sala italiano me cuesta el arbitraje. Reglas con las que estoy en desacuerdo».[/quote]

DC: ¿Falta mayor empatía en el arbitraje en Italia o solo un cambio en las reglas?

PG: Particularmente, creo que la empatía debe ser recíproca. Ser árbitro es complicadísimo. Siempre he sido de los que intenta acercarse a hablar con ellos, sin faltar al respeto, pues desde que lo haces pierdes cualquier razón. En ese sentido, me mosqueó aún más porque creo que tengo empatía con ellos. Es una labor complicada, por lo que me enfado cuando veo injusticias como la del playoff del año pasado.

DC: El fútbol sala es parte de su vida. ¿Qué le ha aportado como persona y deportista?

PG: Me lo ha dado todo. Lo mejor y lo peor. Viví ese ascenso tanto a Segunda como a Primera con el Uruguay Tenerife. Luego, viví también otro ascenso de categoría con Iberia, aunque fuese en los despachos, pero nos mantuvimos en Segunda en una división complicada. Otro recuerdo en positivo lo guardo de mi etapa en el Famegonza, mi primer equipo. Por otro lado, hubo malas épocas, especialmente con lo que sucedió en el Uruguay, aunque me ayudó a crecer como persona, madurando, sabiendo realmente qué personas estaban a mi lado. Todo sirve de aprendizaje. Mientras hacemos la entrevista –realizada en el Quico Cabrera-, veo a estos niños entrenar y recuerdo que yo estuve aquí mucho tiempo. Se me pone la piel de gallina. De 32 años que tengo, me he dedicado al fútbol sala en 17 de ellos. Tengo la suerte de vivir de ello hoy en día. Es maravilloso. Me llevo amigos, lo cual es lo más bonito, además de las experiencias. Cuando sea un ‘pureta’, serán momentos entrañables que podré compartir con mi familia.

DC: Más de un lustro del fatídico suceso con el Uruguay Tenerife. ¿Qué fue lo que más le dolió?

PG: ¿Lo que más me dolió? Fueron tantas cosas… Sobre todo, que se juzgase a una persona tan rápido o se estuviese en contra de alguien cuando ni siquiera ha habido un juicio sobre ello. Enseguida, salió en los medios de comunicación, por lo que de repente muchas personas cercanas a él –Andrés Pereira- y a mí estuvieron en las buenas, pero no en las malas. Son cosas que se van curando con el tiempo. Pero cuando el equipo iba bien, estábamos todos. Sin embargo, cuando vinieron mal dadas y había que estar al lado de esa persona o de nosotros, no fue así. Los primeros en irse fueron quienes estaban a nuestro lado. Duele muchísimo, pero aprendes de ello, sabiendo valorar a aquellos que te han ayudado. Todos juzgamos a las personas, pero en casos como ese aprendes a no hacerlo hasta conocerla realmente. Lo he aprendido con los años. Me siento orgulloso de lo aprendido.

[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»left»]»Ser árbitro es complicado, pero me enfado con injusticias como la del año pasado».[/quote]

DC: Fue una muerte consciente, pero lenta.

PG: Piensas en todo lo que ha costado llegar hasta lo más alto. Un esfuerzo de cinco años, llegando a Primera desde Segunda B. Y de repente, todo se va al garete. Recuerdo estar llorando muchos días, vomitando de nervios, noches de insomnio… Fue una etapa complicada, difícil de sobrellevar. Estaba en casa metido, solo, sin querer ver a nadie. Todo lo que hemos luchado y, de repente, se marchitaba en cuestión de nada. Fue complicado para todos aquellos que lucharon, sin ningún tipo de ánimo de lucro. Pero soy positivo, así que me llevo las cosas buenas.

DC: Quedarse con la visión optimista. Doble ascenso, competir en la LNFS… Un momento irrepetible.

PG: El ascenso de Segunda B a Segunda, con mucha gente de aquí, además del premio con la llegada a Primera, las amistades que me llevé de ese vestuario… Siempre digo que nunca volveré a jugar con un futbolista como Carlos Corvo; recuerdo verlo entrenar y decir: ‘madre mía’. No veremos a otro jugador como él en la Isla. Luego me acuerdo de otros como Pedro Toro, Suazo, Kike Barroso, Víctor Cachón, Iago Barro… Grandes jugadores de la LNFS. Cumplí mi sueño de jugar contra el FC Barcelona, jugar en el Palau y marcar o enfrentarme a Inter Movistar o una leyenda como Ricardinho. Eso no se paga.

[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»right»]Caída del Uruguay: «Fueron días llorando, vomitando de nervios, insomnio… pero cumplí muchos sueños»[/quote]

DC: El Iberia ha buscado recoger ese testigo. Una especie de legado. Como excapitán, ¿confía en que vuelva a nivel nacional?

PG: Confío porque sé que hay gente bastante seria trabajando por ello. Pero es cierto que es complicado subir a Segunda. Tiene que salir una buena camada de jugadores para conseguirlo. Ahora mismo, no puedo opinar con conocimiento de causa, ya que llevo tres años sin ver el fútbol sala de la isla por mi periodo de estancia en Italia, pero siempre ha habido buenos jugadores tanto en Tenerife como en el resto de islas. Llevará su tiempo, pero hay grandes mimbres en este proyecto para certificarlo. Ojalá vuelva para quedarse.

DC: ¿Cómo ve Pablo González su futuro inmediato?

PG: Ahora mismo, estoy en mi último año de contrato con Campobasso. Sinceramente, no sé qué va a suceder, pero sí estoy seguro de que me queda cuerda para rato: tengo 32 años y me tomo el fútbol sala bastante en serio, cuidándome al máximo. Si subimos a Segunda y me ofrecen la renovación, me gustaría seguir en el equipo, pero no es algo seguro. Nunca se sabe lo que pasará a final de temporada.

[quote font=»palatino» font_size=»20″ font_style=»italic» bgcolor=»#e2e2e2″ arrow=»yes» align=»left»]»Es mi último año de contrato y no sé que pasará, pero tengo cuerda para rato». [/quote]

DC: Si pudiera volver atrás con una máquina en el tiempo, ¿cambiaría algo?

PG: Creo que no. Soy de esas personas que nunca se arrepiente de nada. Entiendo que todo sucede por algo, formando parte del camino del crecimiento personal y madurez de uno mismo. Soy optimista, así que me quedo con ese balance positivo porque creo que el fútbol sala me ha dado muchos más momentos buenos que malos. Repetiría todo, incluso los errores.