Por @juanjo_ramos
Como si de una serie de Netflix se tratara, el culebrón Garrido ha venido para quedarse. La dosis amenaza con convertirse en sobredosis porque, aunque parte de la afición blanquiazul anhela un cambio en la dirección, la prioridad ahora mismo pasa por ver ganar al equipo de Aritz López Garai.
Resulta triste que una semana deportivamente tan importante (por lo que se juega el equipo) y tan atractiva (por la visita al Heliodoro de un equipazo como el Huesca) pueda ser empañada por falsos actos de precampaña que ni siquiera creo que apruebe el precandidato (si es que se le puede llamar así).
Tengo a Corviniano Clavijo por una persona seria, leal, tinerfeñista. Sé que su salida del club no fue la mejor y que su labor en la entidad blanquiazul merece un generoso reconocimiento. Pero me sorprende que alguien tan válido como él no se dé cuenta de que lo están utilizando. Su nombre, sonando cada día en los medios en un carrera que a corto plazo no puede ganar, solo puede servir para satisfacer el ego de los que ya en 2016 patrocinaron la candidatura perdedora.
De nada le vale a Clavijo exponerse tanto después de haber hecho una gran labor en la sombra para, como poco, asomarse a la junta por derecho propio con una respetable representación. Yo le animo a que revise su estrategia, si es que es suya, o a que no se deje utilizar si, como sospecho, son otros los que le invitan a alimentar casi a diario el serial con nuevos capítulos.
Conste que en este artículo no estoy opinando sobre si sería conveniente un cambio o no en el consejo de administración. No me posicioné en 2016 y difícilmente voy a hacerlo ahora con rotundidad. Pero sí me molesta que nos distraigan del fútbol, que nos hagan creer que el cambio es posible a corto plazo cuando Miguel Concepción presentó más del 50% de las acciones en la última junta y que se utilice a una persona noble, como Corviniano Clavijo, en todo esto.