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Otra temporada de transición

Llegados a este punto del año y a las puertas de la pretemporada empezamos a recibir las primeras señales de lo que podría ser el futuro inmediato del Tenerife. Poco se sabe de momento del equipo salvo un fichaje reciente y muchos nombres que no se concretan, algo que a estas alturas podría traducirse como parte de la apuesta estratégica de este año o sencillamente como pura inactividad. La situación institucional del club, con un director deportivo bajo sospecha y un presidente en fase de retirada, hacen pensar más en lo segundo que en lo primero, lo que precisamente no invita al optimismo. En realidad, es legítimo sospechar que volvemos a asistir a una nueva manifestación del escaso margen de habilidades del que dispone la entidad para seducir y convencer a su potencial mercado de clientes.

Apuesto a que más pronto que tarde empezaremos a pensar en la próxima temporada como en un nuevo periodo de transición. Transición deportiva para enraizar al equipo en la categoría y transición institucional para cerrar la larga etapa de Concepción al frente del club. El anunciado relevo del presidente deja la entidad en una situación de provisionalidad que da coartada a la idea de no comprometer el futuro con decisiones estratégicas. El proyecto, entendido como la apuesta por un modelo determinado de funcionamiento sostenible a largo plazo, deberá seguir esperando un año más y lo que nos deje esta temporada se reducirá al acierto puntual en los fichajes y a la mejor o peor gestión del entrenador domingo a domingo. Lo de siempre.

Tenemos meses por delante para reflexionar sobre el significado de la etapa de Miguel Concepción en el Tenerife pero no hace falta profundizar demasiado para subrayar que, más allá de la cuestionable gestión económica y de la decepcionante trayectoria deportiva, si por algo se ha distinguido su mandato es por la inactividad. Desde que el empresario cogió las riendas, el club apenas ha hecho esfuerzos por adaptarse a los nuevos tiempos del fútbol, radicalmente distintos a los que conoció en sus inicios. Con Concepción el Tenerife ha vivido dentro de una burbuja de escepticismo y pasividad que ha terminado por alejarnos a todos de los estándares del fútbol de élite. El siguiente en tomar el relevo estará obligado a quitar las telarañas, modernizar la entidad y finalmente definir un modelo de medio largo a plazo. Un trabajo que podría haberse empezado ya si no fuera porque el presidente ha elegido que su salida esté a la altura del resto de su etapa.