Por @juanjo_ramos
El paso de los días y las dos victorias consecutivas permiten realizar un análisis más sosegado de la cuestión en el CD Tenerife. Nos preguntamos después de ganar al Llagostera si aquello era pan para hoy y hambre para mañana. Una semana más tarde, con los tres puntos logrados ante el Mirandés también en el zurrón, algunas dudas empiezan a disiparse.
Para empezar, Raúl Agné ha encontrado un camino. Al menos temporal. Ha vuelto al kilómetro cero, como si la pretemporada y los cuatro partidos iniciales de la competición liguera no hubieran existido, para pertrechar a su equipo atrás y fiarlo todo a la calidad de los tres de arriba. Para ello, eligió a los futbolistas que le gustan: dinámicos, rápidos, de ruptura. Porque el técnico aragonés, no nos engañemos, prefiere un Maxi Pérez antes que un Cristo González y un Pedro Martín en lugar de un Tomás Martínez. Gustos.
A mí me vale. Siempre que el asunto pueda tener continuidad en el futuro. Aunque me chirríe que dos de los futbolistas con más calidad de la plantilla no quepan. O que mi equipo tenga que saltar al terreno de juego con siete futbolistas de perfil defensivo para sentirse más seguro. Incluso, que un lateral tenga que ejercer de mediocentro a lo Philipp Lahm ante la desconsolada mirada de dos compañeros naturales en ese puesto. Y escribo “sentirse más seguro” porque no sería correcto hablar de mejorar defensivamente. Al menos de forma definitiva. No me olvido de la actuación de Dani Hernández (ha recuperado su mejor versión) el pasado domingo porque evitó el empate a uno hasta en tres ocasiones.
El discurso oficial pasaba por conseguir victorias para recuperar la confianza. Algo así como poner el carro delante de los bueyes. Porque uno entiende que los cimientos del juego van antes. Y no me refiero a jugar bonito. Pero el caso es que estas dos semanas, aunque sea beneficiado por la escasa entidad de los rivales, el Tenerife ha sacado la cabeza. Ya está fuera del descenso y a tres puntos del play off. Ahora habrá que ver si sigue creciendo. Margen tiene. Y necesitará aprovecharlo. Porque en esta Liga no se puede vivir de tan poco como lo exhibido hasta ahora.
La parte buena de esta situación es que, más allá de la pérdida de crédito de Agné, no hay una persecución ni una campaña montada en su contra. Por eso, con los mismos puntos que la temporada pasada a estas alturas, nadie pide cabezas después de ganar al Mirandés. Ni estira debates sobre el escaso espectáculo futbolístico ofrecido a pesar de los resultados positivos. Solo veo preocupación y cierta resignación. Pero el entrenador tiene tiempo para seguir sumando y mejorando. Para seguir disipando dudas. Ojalá lo consiga.