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Osadía

Por @beatrizpalmero

 

Decía Benjamin Franklin, uno de los fundadores de los Estados Unidos de América, que “al hombre osado, la fortuna le da la mano”. Lo sabía de buena tinta porque cuando participó en el proceso de Independencia y en la redacción de la Constitución junto con otros hombres osados como Thomas Jefferson y John Adams estaba emprendiendo un camino que nadie había recorrido antes. Su contemporáneo, el francés Jean-Paul Marat, a miles de kilómetros de allí, se convertía también en protagonista en una revolución que cambió Europa, la francesa. En su periódico, L’Ami du peuple escribía sus consignas revolucionarias convirtiéndose en la pluma más influyente del momento. Tenía claro su camino, porque “para triunfar sólo se necesitan tres cosas: audacia, audacia y más audacia”.

Y es que de nada sirve el trabajo, la actitud, el esfuerzo, si en el momento de luchar por lo que queremos no añadimos también algo de audacia, o de osadía, quédense con el término que más les convenga. Cierto que esa valentía por sí sola no basta para alcanzar el éxito, pero ese arrojo es necesario para lograrlo. Si acompaña a los ingredientes necesarios, tarde o temprano se consiguen las metas. Con persistencia.

El camino ya está marcado. Es el de este martes en Alcorcón. La victoria no llegó en esta ocasión, pero con estos ingredientes, y sin las premuras de la falta de tiempo, el éxito llegará. En los últimos meses he disfrutado de muy buenos partidos de un Tenerife que ha ido creciendo con Martí en el banquillo. Cierto que los errores arbitrales no han ayudado algunas veces, las menos. La falta de efectividad de cara a gol tampoco. Como en Santo Domingo, a veces se perdona demasiado. Pero hasta este martes sólo había visto indicios de lo que este equipo podía llegar a lograr. Me faltaba algo.

Y al fin he visto qué. La osadía. En otras ocasiones, incluso cuando el Tenerife era superior por juego y por ocasiones, en algunos momentos del partido he notado el miedo en el ambiente. El miedo a perder, a no lograr los tres puntos. Y ese miedo, en determinadas circunstancias, lleva al conformismo, a pensar que el punto no es malo, que se puede defender porque jugando bien en algún momento se nos puede presentar la oportunidad de ganar sin arriesgar lo que ya tenemos. Algo muy inconsciente, incluso sutil. Sólo sensaciones.

Pero esa sensación no la tuve en ningún momento sobre el Tenerife que jugó en Santo Domingo.  Quizá porque “el valor nunca es mayor que cuando surge la última oportunidad”, como bien apuntó el escritor español Diego de Saavedra Fajardo. Este martes, los blanquiazules arriesgaron lo que era necesario arriesgar, no perdieron nunca de vista la portería contraria, no se rindieron nunca, no acusaron el golpe que supuso el primer gol. Siguieron, erre que erre, cual empecinados en lograr lo que habían ido a buscar: los tres puntos. No pudo ser. Pero de esta manera, yo sólo digo una cosa, al fin del mundo. Jugando bien, con buenos mimbres, actitud y audacia, este Tenerife puede llegar lejos.

Y espero que el verano sirva para sacudir todos los miedos porque, igual que a Franklin, la suerte llegará para acompañar a los osados al éxito.