Por @jf_rojas
El lema de la campaña de abonados del Tenerife no deja de sugerirme cierto aire de rendición. Se supone que las campañas publicitarias sirven para hacer llegar un producto adonde antes no estaba o para seducir de alguna manera a los no convencidos. Con su mensaje en cambio el club parece renunciar explícitamente a dirigirse a todos aquellos que, por un motivo o por otro, no forman parte de su clientela habitual. Ignora a todos esos ciudadanos -la gran mayoría- que no sienten el orgullo de pertenencia a la entidad bien porque nunca han visitado el Heliodoro o bien porque habiéndolo hecho eligieron no volver. Y se acomoda a sus limitaciones contentándose con apelar a los que sabe que no le fallarán.
Hace mucho que el Tenerife no hace nada por convencer a los que viven ajenos a su círculo. Escribí aquí hace meses que la entidad ha ido convirtiéndose progresivamente en un asunto familiar. La gente en la Isla va al fútbol por costumbre o por tradición, porque así sucedió siempre en su familia o porque les resulta inconcebible acostumbrarse a un puñado de fines de semana sin visitar el Heliodoro. Son muy pocos los que estos últimos años se han ido sumando persuadidos por la curiosidad o por la ilusión que el club haya sido capaz de contagiarles. Si alguna vez el Tenerife supo venderse, hace tiempo que perdió esa habilidad. De hecho, ahora incluso se diría que ha perdido el interés por hacerlo.
Hablamos con frecuencia de los “ocho mil de siempre” para referirnos al suelo de aficionados del Tenerife. Son esa gente que acude al Estadio incondicionalmente sean cuáles sean las eventualidades deportivas de cada temporada. Es la gente que siente ese orgullo de pertenencia al que se refiere la campaña, gente que merece todos los homenajes posibles por parte del club pero que en absoluto necesita de reclamos para ir a comprar su abono. Con su lema, el Tenerife evidencia los escasísimos estímulos que es capaz de generar en la sociedad de la Isla. Y en cierto modo evidencia el triste reconocimiento de que, a la postre, el único motivo que encontramos para abonarnos al equipo es el mero hecho de sentir los colores. Definitivamente, el club necesita un nuevo impulso.