Por @juanjo_ramos
La derrota de Lugo supuso una seria advertencia para todos. A los jugadores, que no pueden reducir un ápice su nivel de autoexigencia si quieren evitar imágenes tan lamentables como la del Anxo Carro. Al entrenador porque deberá extremar precauciones para evitarlo. Al director deportivo sobre la conveniencia de adecentar en esta última semana de mercado el deficiente trabajo de verano. Al club, con su presidente a la cabeza, que necesita un proyecto sólido de una vez y no intentos de un año a ver si sale la lotería. Y a la afición, que pasa del blanco al negro y del negro al blanco con demasiada celeridad.
De los medios hablamos otro día, que nuestras historias aburren. Malas intenciones, intereses, cuentas fake, “asociaciones” manipuladas que pierden su esencia de origen y hasta frustrados actores de telenovelas caben en un mundo aburrido. En el que faltan debate y respeto. Y sobran las máscaras y las sobreactuaciones.
Centrémonos en la situación y empecemos por lo urgente. Este Tenerife da para poco. Tiene un plan A, pero no busquen más letras. Juntarse, defender bien, con las ayudas cerca, altos niveles de concentración y sin complicarse la vida. Tampoco con balón. No le da para circular con eficiencia. Debe atacar en transición o muy directo. Y ser efectivo.
Cambiar ese patrón de juego, por voluntad propia o como ante el Lugo por un marcador adverso, desnuda sus carencias. Es un equipo sin calidad. Se ve en los controles, en la forma de perfilarse para recibir, en los golpeos, en la nula capacidad para quitarse rivales de encima en el uno contra uno, en su deficiente balón parado.
No hay un culpable único. De la soberbia veo a los jugadores, de la falta de alternativas al entrenador, de las carencias de la plantilla al director deportivo, de la ausencia de un proyecto al presidente. Pero así estamos, acabando enero. Podemos cortarnos las venas o mirar hacia adelante, con nuestro equipo. Porque esté quien esté y lo haga mal o bien, el escudo no cambia. Es el nuestro. Ustedes verán.