Por @pabloalbelo
O al menos, eso parece. Esta semana se ha producido la tan mencionada reunión entre el Consejo Superior de Deportes, la Liga de Fútbol Profesional y la Federación Española de Fútbol para intentar erradicar la violencia en los campos de fútbol, tras la muerte del seguidor del deportivo. Pero la reunión llega tarde. Muy tarde. En los últimos 30 años han fallecido ocho personas en el entorno de partidos de fútbol. Parece un número bajo, pensarán. Ocho muertos en 30 años… Es alucinante la facilidad con las que hablamos de muertes como si fueran el dato de posesión de un partido. Lo más lamentable de todo, es que se trata de gente que ha fallecido en el entorno de UN JUEGO. A mi me da igual la naturaleza de la muerte, si el tal Jimmy fue a Madrid a pegarse o no, o si había gente de cuatro peñas o de 40. Señores, han ASESINADO a una persona. Eso está por encima de cualquier cosa…
Sin embargo, el problema es mucho más profundo. Es un problema de dirigentes, por ejemplo. Presidentes de clubes que facilitan entradas, hacen descuentos en pases, subvencionan viajes o incluso facilitan la estancia de estos violentos en los estadios facilitándoles cuartos o espacios para guardar su material, teóricamente para animar, y que acaba siendo armamento arrojadizo contra el rival. El colmo lo estableció el pasado domingo Enrique Cerezo, cuando dijo que era un suceso que «nada tenía que ver con el fútbol, porque se produjo a kilómetros del Estadio». Esto es inadmisible. Está claro que el trasfondo es la ideología política, algo que debería separarse sin duda, pero mientras las personas que cometan estos actos vandálicos lo hagan amparados bajo la bufanda de un equipo de fútbol, es un problema del fútbol y hay que solucionarlo.
Luego está la educación. El respeto. Eso de lo que tanto escasean las escuelas en España. El fútbol se ha convertido en una vía de escape a la adrenalina contenida durante la semana o a las frustraciones laborales o personales de cada uno. El fútbol es para disfrutarlo, no para machacar al rival. Pero, ¿qué le vamos a pedir si hay gente que tiene que ser separada de los árbitros en un partido de críos de ocho años? Vivimos en un clima de violencia permanente, de competencia extrema, de hay que ser mejor que el otro cueste lo que cueste. Claro, eso lo trasladas a un campo de fútbol y pasa lo que pasa. Hemos tenido que darle a un pibe de ocho años un premio por alejar a su preparador del árbitro en un partido de alevines. Así es este país. Son cosas que deberían estar asumidas y no lo están.
Y por último, y no menos importante, no me olvido de la prensa. Somos responsables de que ese clima de agitación se mantenga a diario. Hay quienes intentamos rebajarlo y hacer de esto un juego, dándole la trascendencia que merece, pero debemos ser autocríticos y entender, los profesionales de la comunicación, que no lo estamos consiguiendo. Algo se está haciendo mal. Manuel Luque, Florentino Dueñas, Frederic Rouquier, Guillermo Alfonso, Emiliano López, Aitor Zabaleta, Manuel Ríos e Íñigo Cabacas lo están pidiendo a gritos desde su ausencia. Hay que ACABAR con la violencia en el fútbol. Disfrutemos del deporte. Hagamos de nuestro hobby preferido una forma más de disfrutar, para no tener que acabar yendo a los campos de fútbol con escolta.