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Objetivo Ascenso

por @juanjo_ramos

Este viernes se cumple un año de la victoria que permitió al Tenerife eludir el descenso a Segunda B. Aquella noche, en la Nova Creu Alta, consiguió ganar fuera de casa por segunda (y última) vez en la temporada, descartando a un rival directo y quedándose a un paso de la permanencia. Lo dio once días más tarde ante un Betis que vino a la Isla ascendido y de vacaciones.

Pero fue allí, en Sabadell, donde acabó una pesadilla de nueve meses que deberíamos tener presente ahora. A aquel partido llegó más que tocado Raúl Agné. De hecho, si el partido se hubiera disputado en fin de semana y no un miércoles, no se hubiera sentado en el banquillo.  Por segunda vez en un año, el club cometió el error de menospreciar el final de la Liga. Si al final de la temporada 13-14 obvió el daño que aquellas siete derrotas hicieron en el crédito de Álvaro Cervera y sus jugadores, al final de la 14-15 regaló la renovación a un entrenador que no era el adecuado para seguir al frente del proyecto.

Con José Luis Martí no tendrán el segundo de los problemas relatados porque sí reúne los requisitos para seguir sentado en el banquillo blanquiazul. Pero pueden tener el primero. Conviene dejar buen sabor de boca en estas cuatro jornadas para que la puerta al verano no se abra con dudas.

Y es entonces cuando debe desaparecer el ambiente de provisionalidad que ha envuelto a la entidad tinerfeñista este último año y medio. Desde la salida de Cervera, no hay un plan concreto. Se toman decisiones para mañana, pero nunca pensando en pasado mañana. El Tenerife, y ya no tiene Miguel Concepción la excusa de que él se marcha, tiene que diseñar una hoja de ruta que acabe en Primera División.

Otra semana me atreveré con las cosas (muchas) que debe mejorar este consejo en el funcionamiento del club. Pero permítanme que me centre esta vez en la parcela deportiva. La construcción de un equipo candidato al ascenso debe ser una obligación. Le toca a los que buscan el dinero conseguir que LaLiga habilite el presupuesto suficiente, al que ficha acertar como en el mercado de invierno y al que entrena hacer que este equipo compita al mejor nivel y, si puede ser, que genere ilusión y admiración por su fútbol.

Esta Segunda División enseña cada año que no siempre sube el que más dinero, historia o nombre tiene. Pero sigue respetando al Zaragoza o al Osasuna por encima del Mirandés o la Ponferradina. Y el Tenerife debe igualarse (por masa social e historia) a los primeros, no a los segundos como ha pretendido estas últimas campañas por el miedo al fracaso. Se ha demostrado que la estrategia es un error porque son los objetivos ambiciosos (y los triunfos, claro) los que movilizan a la afición, la grandeza la que impone respeto a los árbitros (el que no tienen ahora por el equipo) y la mirada al pasado más glorioso lo que mejor refuerza la identidad.