Por @beatrizpalmero
Esta semana, el día 20 por concretar, se celebra el Día Mundial de la Felicidad, establecido en el calendario internacional de las Naciones Unidas para hacer hincapié en que las políticas económicas deben tener, y cito textualmente la resolución de la ONU “un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado, que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad y el bienestar de todos los pueblos”. Vamos, que los estados se preocupan tan poco del bienestar de sus ciudadanos que ya hace falta poner un día internacional para recordar lo que es la función pública. Porque al fin y al cabo, los Días Mundiales son eso, un recordatorio de algo que debería ser y no es, un día para remover conciencias y reivindicar, para recordar que aún queda mucho trabajo por hacer. Ya sea la Lucha contra el Cáncer, la Discriminación Racial, la Poesía o la Felicidad.
Es por eso que siempre he sentido cierto regusto amargo cuando me felicitan en este mes por el Día Internacional de la Mujer. ¿Por qué lo hacemos? ¿Nos felicitamos por ser mujer? ¿Porque aún tenemos que trabajar mucho para tener los mismos derechos civiles que un hombre? ¿O por el trabajo que hacemos incansable e invariablemente día tras día para recordarnos a nosotras mismas o a los demás que no merecemos una consideración distinta por el hecho de no ser un hombre?
A mí, que me apasiona el deporte, reconozco que es un terreno en el que queda mucho por hacer, donde el trabajo de las chicas no se valora casi nunca como el que hacen ellos. Sólo hay que ver las páginas de los diarios deportivos nacionales. De 50 páginas, tal vez en dos, las protagonistas son ellas. Y no hace falta comprar un periódico para comprobarlo. Abrimos las ediciones digitales de este martes y vemos las noticias que aparecen en portada. En unos la primera referencia a una mujer es para hablar de la bronca de una asistente a un jugador (¿eso es noticia?) y un poco más abajo, aún peor, para poner la foto mas ‘hot’ de las cheerleaders de los Heat. Mireia Belmonte (¡al fin algo sobre lo que hace una deportista!) también halla su hueco en alguno. Al menos aparecen, porque en otros sólo hay lugar para la mujer en la zona de reportajes atemporales, en este caso, para hablar de Carmen Jordá, una mujer piloto en la Fórmula 1 (que para nuestro orgullo también es española) o, peor aún, para recordarnos que Irina Shayk disfruta sin CR7. No hay más rastro de las mujeres en las portadas de las ediciones digitales.
No extraña que pase desapercibido que Ainhoa Meléndez, después de firmar una fase regular de récord, la hayan destituido en el UDG Tenerife McDonald’s a un partido del play off de ascenso a Primera. Obviamente los motivos no pueden ser deportivos y podría tener que ver con que no es lo mismo llevar un grupo de chicas que de chicos, pero dudo mucho que, por sistema, un hombre lo sepa llevar mejor que una mujer por el simple hecho de ser hombre. O al revés. Y si no que le pregunten al que podría ser su sustituto, Toni Ayala, al que sus jugadores dejaron fuera en plena disputa de las eliminatorias de ascenso a Segunda B en el Atlético Granadilla. ¿Se imaginan la situación al revés? ¿Una mujer sustituyendo a un hombre en un equipo masculino? Yo no. Por eso existe aún un Día Internacional de la Mujer. Y por eso celebro que en días como hoy sea noticia, de nuevo, Michelle Alonso o Alicia Cebrián. O que el voleibol femenino siga dando alegrías al deporte tinerfeño, con el Aguere en la disputa de los play off por el título y el Fígaro Peluqueros Haris a punto de emprender la batalla por el ascenso a División de Honor. Porque su esfuerzo vale tanto como el de ellos, aunque socialmente no se perciba así.