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Redacción Deporpress | El CD Tenerife volvió a bajar el pistón. Fue devorado por la necesidad del Numancia y se presentó en Los Pajaritos a cubrir el expediente. Se aplicó con la mínima intensidad exigible y su técnico premió a los jugadores menos habituales con la titularidad de la que no disfrutaban desde hace mucho tiempo. Comenzó perdiendo tras encajar uno de esos goles que salen en los resúmenes de final de año, por su belleza. Y, tras hacer lo más complicado, encajó el segundo gol poco después de empatar. Lo normal.

La derrota supone un triste epílogo a una temporada que queda emborronada porque, la racha triunfal que habían descrito los blanquiazules después de haber permanecido invictos durante ocho jornadas, se desdibuja en esta última semana al quedar el pobre bagaje de 2 puntos sobre los últimos 12 posibles como último recuerdo para el entorno. Lo normal también.

El partido de Los Pajaritos puede que tuviese pocos alicientes, pero encerraba cosas mucho más importantes de lo que parecían. Sentimentales y económicas. La derrota supuso que el Tenerife desperdiciase la oportunidad de quedar, por primera vez en los últimos 11 años, por delante de la UD Las Palmas en la clasificación. Pero a nadie de la plantilla o el cuerpo técnico pareció hacerle especial ilusión este dato que, sin embargo, no pasa desapercibido para el entorno. Lo normal.

Perder en Soria supone también que el Tenerife acabe, otra vez, de la mitad de la escalera clasificatoria hacia abajo. También lo normal de un tiempo a esta parte. Tampoco a nadie pareció importarle excesivamente que los blanquiazules acabasen duodécimos en vez de octavos o novenos. Lo malo del caso es que los ingresos de cara al próximo curso no serían iguales que de haber terminado por encima del puesto diez. Esa cantidad económica puede ser la diferencia entre tener un delantero que pueda marcar las diferencias o conformarse con el Miérez de turno.

Para terminar, cómo no, más turbulencias. Algo también habitual en el Tenerife. Rubén Baraja anunció, nada más concluir el partido, que no sigue porque prefiere buscar «nuevos horizontes». El técnico pucelano logró sacar al equipo del descenso y, además, lo dejó con posibilidades de jugar el playoff hasta el pasado lunes. Su decisión, respetable y legítima, deja todos los focos apuntando hacia la figura de Pedro Cordero y con la interrogante de qué será capaz de idear el director deportivo para poder ilusionar a una afición necesitada de menos decepciones y más alegrías. Lo normal.