Skip to main content Scroll Top

Nombres

Por @rondoscutillas

Ahora que parece que toca despertarse del sueño que vivíamos y que la banda sonora de esta temporada 2019-20 deja de sonar tan bien como hace unas semanas, quizá ha llegado el momento de hacer un primer balance sobre las sensaciones que nos deja el CD Tenerife en este epílogo del curso.

La primera, y más importante, es que los blanquiazules llegan a las dos últimas jornadas del campeonato con más opciones matemáticas que reales de ocupar la sexta plaza. El escenario, por mucho que ahora nos lamentemos de los dos últimos empates, de la actuación arbitral de Ocón Arráiz o de no sé cuántos regalos defensivos realizados a los rivales de turno a lo largo de toda la Liga, era absolutamente impensable hace apenas un mes.

Es cierto que los blanquiazules han desaprovechado las dos oportunidades que han tenido para depender de sí mismos a la hora de intentar jugar el playoff. Pero, en una competición tan igualada como la Segunda División y más con la concentración de partidos de esta mini liga exprés, mantener la energía con la que doblegaban a la mayoría de sus adversarios es casi una proeza física imposible de conseguir con tan poco margen de recuperación entre partido y partido.

Si a este factor añades otros, tales como que el Huesca, que va segundo clasificado, tiene tantas derrotas (14) como el Lugo, que es el equipo que marca la frontera del descenso y el próximo visitante del Heliodoro, pues caes en la cuenta de la igualdad que abandera la competición y en lo que cuesta ganar un partido en esta Liga SmartBank.

Casi siempre estos acaban decidiéndose por detalles o por errores. Ya sean propios, ajenos o, como en el caso que nos ocupa, del árbitro que está sobre el terreno de juego y el que sigue el partido desde el VAR, al que urge una revisión a fondo de sus protocolos para evitar bochornos como el vivido en Santo Domingo este lunes.

Como aún hay opciones, si el equipo que dirige Rubén Baraja es capaz de reencontrarse con el triunfo ante el Lugo, convendría no darlo todo por perdido.  Es cierto que son demasiadas las carambolas a las que hay que aferrarse para seguir soñando. Pero, por esa misma razón, prefiero quedarme con lo tangible.

Y eso pasa por el aprendizaje que debe dejarnos este tramo final de competición, con la notable cifra de 8 partidos sin perder que han propiciado una escalada meritoria en la clasificación. Una racha construida más sobre el eje de la consistencia como equipo, el sacrificio y la humildad del grupo que a través de las rutilantes individualidades o el pedigrí de los nombres.