Por @beatrizpalmero
Leía este fin de semana un interesante artículo en El País Semanal sobre los tres monitos del Whatsapp, sí, esos que se tapan los oídos, los ojos y la boca, respectivamente. Y leyendo me di cuenta, como bien decía Sócrates, que “sólo sé que no sé nada”, porque me descubro a mí misma descubriendo lo ignorante que soy constantemente. Si usted se había preguntado, igual que yo, por qué unos monitos y no un hombrecito o mujercita, sepa que no es fruto del ingenio –o de las bromas, vaya usted a saber- de un informático al otro lado del mundo.
Los tres monos en cuestión aparecen en una escultura japonesa del siglo XVII y vienen a representar una filosofía sencilla pero muy importante para ser feliz y evitar personas y circunstancias tóxicas en nuestra vida. No escuchar los comentarios malintencionados de otros, que sólo nos centran en los aspectos negativos de la vida, aquellos que tenemos que esforzarnos en no ver, para fijar nuestra vida en las cosas positivas que nos suceden cada día. Y, por supuesto, evitar hablar mal de otros, precisamente por la misma razón.
Y pensando en Kikazaru, Iwazaru y Mizaru (que así se llaman los monos) pensé cómo una filosofía tan simple puede reconfortarnos tanto. Sólo hay que aplicarla en el día a día. Decidir qué no queremos ver, oír ni decir.
Y así, viendo que quedan 33 puntos por disputar, que son muchos, me centro en esta sensación que nos deja ganar en campo del tercer clasificado y recuperar la cuarta plaza. Y así decido lo que no quiero ver: no quiero ver lo conservador que es Martí, no quiero ver que cuando el partido se tuerce, sus cambios, casi siempre hombre por hombre, no dan los frutos esperados, ni mucho menos que el último, con el marcador a favor, siempre es para amontonar un hombre más en el área propia olvidando que la mejor defensa es tener el balón y llevarla al otro área. No quiero ver su falta de osadía, fruto probablemente de la inexperiencia y de lidiar en una plaza tan difícil como ésta. No quiero ver la falta de creatividad que tiene a veces este equipo cuando se enfrenta a otro ordenado y bien trabajado. Así que miro las variantes en ataque de este equipo, el estado de gracia de Amath y la creatividad de Aarón, la solidez defensiva blanquiazul y la dinámica ganadora de un equipo que parece encontrar siempre un as sobre la manga, así sea Raúl Cámara haciéndose un autopase o Aitor Sanz inventándose un sombrero. Y quiero ver que José Luis Martí también tiene mucho que ver en esa dinámica, que es lo que olvidamos cuando nos centramos en lo negativo.
Y no quiero escuchar las voces de aquellos que dicen alegrarse por el Tenerife y en realidad lo dicen con la boca pequeña, esperando, una vez más, el momento adecuado, cuando vengan las vacas flacas, para saltar a la yugular como aves de carroña. Así que giro mis oídos hacia aquellos que en los bares hablan de ilusión, que hacen las cuentas de la lechera soñando con el ascenso directo o los que sacan el calendario para ver dónde se pueden rascar puntos.
Y no quiero criticar por qué el míster pone a este y no a aquel jugador, aunque ganas no me faltan, ni poner de vuelta y media a aquellos que se llenan la boca de su sentimiento tinerfeñista y luego no son capaces de pagar una sola entrada, aunque puedan, esperando por la promoción de turno que les permita vivir del cuento mientras critican lo poco que hace el club por atraer la afición al Estadio. No quiero contar las cosas que podrían hacerse mejor en el club y no se hacen, porque prefiero contar aquellas que se están haciendo bien, que no son pocas, y solemos destacarlas menos.
Repaso todo aquello que no quiero ver, ni oír ni decir. Sí, definitivamente Kikazaru, Iwazaru y Mizaru tienen razón. Qué paz eligiendo siempre mirar hacia el sol y no hacia la oscuridad.