por @juanjo_ramos
No me gusta que el Tenerife esté fuera de la zona de ascenso o play off pasadas 15 jornadas. Pero sobre todo que no dé sensación de haber encontrado un once consolidado, una línea de juego definida y reconocible que ofrezca garantías de competitividad y en la que sus futbolistas de calidad se acerquen a su máxima capacidad de rendimiento.
No me gusta que la figura de José Luis Martí esté tan cuestionada a estas alturas porque los cambios de entrenador no garantizan nada. Ni que el propio entrenador haya fomentado esas dudas con cambios constantes de dibujo táctico y futbolistas o con una notable discordancia entre lo que expone en las ruedas de prensa y lo que se ve luego sobre el césped.
No me gusta que el entorno político y empresarial del presidente Miguel Concepción ande metiendo prisa para que el rumbo adecuado se restablezca porque esto es fútbol, no matemáticas. Y porque una decisión precipitada o desacertada puede conducir irremisiblemente al fracaso.
No me gusta que desde dentro del club se apueste por pedir paciencia a la afición y los medios de comunicación cuando las críticas, meramente futbolísticas, solo transmiten el descontento por lo que se ve sobre el terreno de juego. Una cosa es hacer pedagogía e insistir en que se asciende en junio, que es cierto. Y otra cosa negar la posibilidad de expresar la preocupación porque lo que se ve hasta ahora no convence ni parece que vaya a llegar a ese buen puerto.
No me gusta que, en ese sentido, falte autocrítica en público cuando la trayectoria es tan negativa fuera de casa (una victoria en ocho partidos), el nivel de juego tan pobre y las sensaciones no apunten precisamente a una evolución. Los problemas empiezan a solucionarse cuando son reconocidos.
No me gusta que la política de comunicación en las renovaciones del Tenerife retrase el anuncio oficial de una, la de Aitor Sanz, pactada desde julio con unas condiciones distintas y ventajosas para el jugador al existir ofertas concretas por sus servicios. Cuestiones distintas al rendimiento no pueden explicar el orden de las negociaciones ni marcar la duración de los contratos.
No me gusta que se vaya apagando la ilusión y que la frustración se vaya abriendo paso dentro y fuera porque ese cambio es cómplice del fracaso.
Pero me gusta que llegue el partido contra el Rayo. Porque solo el fútbol, ya sea por el buen juego, los triunfos o ambas cosas, es capaz de quitar los “no me gusta” de la boca de los aficionados. Ojalá el Heliodoro siga ayudando y pronto pueda escribir unas líneas con lo que “me gusta”.