No me creo que un equipo pueda perder seis partidos consecutivos por 1-0 o 0-1 y pase de alternativa para el ascenso directo y máximo candidato al play off a no jugarse nada y salvarse por tres puntos del descenso.
No me creo que su máximo goleador no vea portería en las últimas 11 jornadas de Liga y desaparezca sospechosamente en la penúltima cuando aún había mínimas opciones de alcanzar el objetico.
No me creo que se vaya a romper la operación de su traspaso al Newcastle porque sería el segundo equipo al que damos por hecho que se marcha Ayoze Pérez.
No me creo que el Tenerife acepte menos de dos millones de euros por la incipiente estrella blanquiazul, una vez ha anunciado casi a bombo y platillo que no tragaría si no es por la cláusula de rescisión íntegra.
No me creo que en esta Isla se siga defendiendo a las personas por su procedencia y no por su capacidad, como ha sucedido estos días con Quique Medina, saliente director deportivo blanquiazul, del que pocos destacan sus virtudes (que las tiene) y muchos hablan de su lugar de nacimiento.
No me creo que, descubierto el relevo, el Tenerife retrase la presentación de Álvaro Cervera como mánager general.
No me creo que Miguel Concepción nos vaya a vender la burra del proyecto austero y pausado cuando sabe que, por historia, el único objetivo de la próxima temporada pasa por aspirar al ascenso. No debe ser una obligación, pero sí el objetivo.
No me creo que Las Palmas se vaya a meter en play off haciendo las cosas tan rematadamente mal y después de los dos tiros en el pie que se ha dado con la destitución de Sergio Lobera y la salida nocturna de Mallorca.
No me creo que algunos quieran apropiarse del éxito del Uruguay FS, que es de todo Tenerife (directiva, técnicos, jugadores, afición y medios de comunicación). Apostar antes tiene mérito y aporta orgullo, pero no otorga exclusividad.
No me creo tantas cosas del deporte (y sin embargo pueden pasar) que igual necesito que se acabe ya la temporada e irme de vacaciones.