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No me arrepiento (12-10-14)

Por @ivanvillanua

No lo hago. Ni siquiera horas después de haberlo enviado. Menos aún tras comprobar el gozo ajeno, al borde del orgasmo, al leerme. Porque alguno hay que se pone a cien cuando piensa que gana la partida. Craso error. Los juegos, disculpen la perogrullada, se juegan, y cuando se pierde lo hace un colectivo, no un factor externo.

Veo, ahora sí, un sistema agotado. Un grupo sin energía y falto de motivación. Las cosas no salen: ni al derecho, ni al revés, ni cambiando esto o ampliando lo otro. La batería está al diez por ciento. Por eso creo que estamos a escasas semanas (salvo error o milagro), de finalizar una etapa en el Tenerife. Y no es porque me guste, pero he de reconocer que Álvaro Cervera ha explotado toda su galería de recursos con una plantilla que no está respondiendo a las exigencias del entrenador. Sí, el mismo que nos ascendió y al que defiendo aquí, allí y donde haga falta. Pero eso no quita que entienda que en estos momentos y con Osasuna y Barcelona B por delante, esto tiene la pinta que navega proa al marisco.

Respeto aquellos que se han sorprendido con mi cambio de actitud. Para nada. Antes, con las críticas, se buscaba el daño personal por otros motivos que no voy a entrar al caso. Ahora, tras dos derrotas seguidas y sin síntomas de que la cosa cambie, es lo deportivo quien pone el entrenador a las puertas de su cese y no una corriente (como otra cualquiera), a la que solo les gustó Cervera cuando nos subió en Cataluña. Y ni con esas.

Espero que la próxima semana todo cambie. Lo deseo con todas mis fuerzas. Porque creo que Álvaro es un buen técnico y una grandísima persona que no se arrodilla ante nadie ni ante nada. Quien les escribe solo ha tomado un café, una vez, con él. Y fue hace dos temporadas. Creo que salvo en las ruedas de prensa no me he vuelto a topar de frente. Pero me gusta su carácter directo y sin titubeos. No se achica y es de idas claras. Con él no va eso de ser falso. Por eso molesta. Como a mi me pasa solo de pensar que las cosas no le vayan bien. Porque su felicidad deportiva, al fin y al cabo, es la de todos nosotros.