Por @jf_rojas
Al final resultó que lo que hace un par de semanas parecía un radical golpe de timón en la estructura del Tenerife terminará siendo algo mucho más superficial. Es natural que Miguel Concepción, como cualquier otro dirigente futbolístico, se entregue gustosamente a cualquiera capaz de ofrecer buenos resultados y Cervera ha venido cumpliendo de sobra con las expectativas desde que llegó a la Isla. Cuando a Álvaro le encargaron el banquillo la presidencia del club pasaba por su momento más oscuro con la grada empezando a mirar al palco y pidiendo cuentas por una gestión deportiva desastrosa. El técnico fue providencial para Concepción y por eso no es nada extraordinario que su buen trabajo y el correspondiente agradecimiento desembocaran en unas palmaditas en la espalda.
Dicho lo anterior, no creo que la estructura que se escenificó en rueda de prensa esta mañana difiera gran cosa respecto a la de esta temporada o las anteriores. Esencialmente, donde estaba Quique ahora estará Serrano. Por lo demás esa presunta premisa según la que Cervera tendría la última palabra en todas las decisiones deportivas me parece en parte una obviedad y en parte una mentira. Obviedad porque, como no puede ser de otra forma, la opinión de un entrenador tiene un peso fundamental en los fichajes y demás asuntos deportivos de cualquier equipo sea cual sea su modelo organizativo. Y mentira porque en España no se conoce el entrenador que se sitúe por encima de los resultados. Una mala racha la próxima temporada pondría las cosas en su verdadero sitio cuestionando todo esto que ahora se interpreta como una verdad absoluta.
El desembarco de Serrano en el Tenerife, un secretario técnico consolidado y exitoso en un periodo anterior del club, cuestiona todo lo que se venía diciendo hasta hace sólo unos días respecto a la nueva organización. La idea de Cervera como todopoderoso general manager ‘english old style’ con la que soñaban algunos se esfuma con la llegada del hombre que, llegado el caso y ojalá que no, recibirá el encargo presidencial de buscarle un sustituto. Al final, el club sigue funcionando esencialmente como venía y los que pretendían que de todo esto surgiera un nuevo modelo más sólido y resistente a los vaivenes de los resultados tendrán que seguir esperando. Es verdad que ahora la opinión de Cervera contará más pero de ahí a sostener que en el Tenerife comienza una nueva etapa media un abismo. Un objetivo tan grandilocuente precisaría de algo más que el baile de nombres y atribuciones presentado esta mañana en el Heliodoro.