Por @pabloalbelo
Se acaba el mes de julio y se acaba para quien les escribe una temporada especialmente difícil, aunque ya haya empezado la siguiente. Ha sido una campaña dura, un año donde he tenido la triste sensación de experimentar y de vivir en mis propias carnes lo peor del género humano. Cuando piensas que nada más puede pasar, llega algo que te hace replantearte todo en lo que crees y todos los valores que has defendido en base a la educación que has recibido. A veces, y solo a veces, piensas en saltarte tu propio código para hacer entender que no todo vale, pero siempre acabas pensando que el tiempo pone a cada uno en su sitio. O que a cada cerdo le llega su San Martín, ya eso depende de la persona. Entiendes que no vale la pena empeñar más tiempo en personas o en cosas que no merecen más que la indiferencia, aunque a veces cuesta darse cuenta.
Cuando empecé en este mundo periodístico uno de mis maestros, el amigo Juan Carlos Castañeda, me dijo: hay que dar al oyente siempre lo mejor de ti pero, sobre todo, hay que ser honesto; la veracidad es clave en este mundillo. Algo pasa cuando todo lo que construyeron grandes maestros de la comunicación como él y tantos otros salta por los aires por el simple hecho de tener razón o de hacer daño. Es especialmente triste lo segundo, pero ahora es lo que se lleva. No ser el mejor, sino pretender ridiculizar a los demás o faltar el respeto continuamente por el simple de hecho de pensar contrario. Lógicamente, esto cansa, porque no hay manera civilizada de parar los pies a tanto mediocre. Son pocos, bien adiestrados por un líder más mediocre todavía y hacen mucho ruido. Pero eso es lo único que hacen, ruido. Al final, es como lo que haces cuando tienes un vecino molesto que pone la música a las 9 de la mañana: cierras la ventana y listo.
Por todo esto y por un desgaste que ya dura 12 años en esta noble y preciosa profesión decido dar un paso al costado, al menos durante un tiempo y en primera línea, porque el periodismo engancha y estoy convencido de que tarde o temprano volveré a estar ligado a este noble arte. De momento, prefiero centrarme en otra actividad profesional donde nadie puede pisotearte porque le apetezca o porque no haya sido capaz de superar el pasado. Ahora solo quiero acordarme de las buenas personas que me han rodeado. De amigos, de compañeros (con mayúsculas) y de buena gente que, por ejemplo, me animaron a embarcarme en esta locura llamada Deporpress. Ahora solo quiero recordar a los que en algún momento me enseñaron algo en esta profesión, todos los que dedicaron parte de su tiempo a convertirme en mejor periodista pero, sobre todo, en mejor persona. Ahora, solo quiero despedirme agradeciéndoles a ustedes, los lectores, el tiempo dedicado. Aunque, como se suele decir, esto no sea un adiós, sino un hasta pronto.