por @juanjo_ramos
Yo también tengo dudas. A mí tampoco me gustó que la pasada temporada acabara con siete derrotas consecutivas. Ni que en pretemporada solo viéramos goles contra equipos de Tercera. Ni que la Liga haya empezado con un punto sobre nueve y, como añadido, la Copa del Rey resulte tan efímera como de costumbre. Tampoco que haya fichajes a los que les ha costado coger la forma (Ruso García) o que hayan llegado tarde (Arnáez, Hugo y Uli). Ni siquiera la maldita suerte que provocó que nuestro delantero referente se lesionara en la jornada 1 o a Roberto se le escapara un penalti que tenía parado en la tanda ante el Girona. Me incomoda igualmente la situación de Ayoze Díaz. Y responsabilizo al entrenador de la falta de intensidad exhibida en Montilivi el pasado sábado. Incluso, de la indefinición ofensiva que se atisba.
Pero me niego a ser destructivo, aceptar el pensamiento único. Dejo a un lado las siete derrotas del curso pasado porque, durante siete meses, este equipo limitado y recién ascendido me hizo soñar con el play off. Perdono la ausencia de goles pensando que ya sucedió la pasada campaña y, de repente, las ocasiones empezaron a entrar. También porque no está Ayoze Pérez y a los nuevos, como Ifrán o Ruso García, no les ha dado tiempo ni de fracasar. Disculpo la mala racha liguera porque en dos de los tres partidos el Tenerife mereció más. Olvido la eliminación copera porque, aunque me hubiera gustado acaparar portadas avanzando rondas y pintando la cara a algún Primera, este sistema de competición es una condena para los Segunda. Espero que la suerte cambie porque nadie la tiene buena durante todo el tiempo ni le persiguen las desgracias para siempre. Confío en los fichajes porque me han convencido Albizua, Guarrotxena e Ifrán, han ido mejorando Jacobo y Vitolo y han debutado con buen pie Arnáez, Hugo y Uli. Aguardo una reacción de Álvaro Cervera porque tiene crédito suficiente. Nos sacó del pozo de Segunda B y logró la permanencia (sobrado) en una temporada complicada como la anterior. Como mi admirado Óscar Herrera se planteó, con notable éxito en las redes sociales, “debo ser un marciano”.
Todo lo anterior, lo malo y lo bueno, lo he pensado solito. Acertada o equivocadamente. No necesito que nadie me dé lecciones. Que me sermoneen sobre lo crítico que era antes y lo condescendiente que soy ahora. O que a alguno se le ocurra insinuar que estoy vendido por una noticia. Las di antes y las doy ahora. Las que puedo, no todas. Se trata de ponerse a trabajar. A trabajar mucho. Pero ya saben, cree el ladrón que todos son de su condición.
Me huele mal que el entorno del Tenerife se convierta en un Sálvame, que twitter sea conmigo o contra mí y que en la jornada 4 de Liga vayamos a ir al Heliodoro con la escopeta cargada, dispuestos a guillotinar al culpable. ¡Al culpable! Como si cortar la cabeza a uno fuera la solución a todos los males.
Pero contra todo eso, nada se puede hacer. Vivimos tiempos de crispación extrema. En los que todo el mundo habla, pero nadie escucha. En los que preferimos gritar que razonar. No cabe la ética ni el respeto. Solo el interés. Toca resistir. Ya cambiará. También en el Tenerife. Y si no, nos vamos a Marte.