Por @AleixValero
¡Cuántas miserias tapa una victoria en el fútbol! Y qué bien sientan tres puntos para devolver las aguas a su cauce, ganar en confianza y empezar a construir una nueva dinámica. El triunfo por goleada del domingo frente al Córdoba debe ser ese punto de inflexión del que hablaban los jugadores en la previa del partido que los despierte de un letargo que pagó el que siempre paga, el entrenador.
Goleada eso sí engañosa. Que nadie olvide que, con empate a uno, Dani Hernández evitó en un par de ocasiones que el equipo fuera por debajo en el marcador, en casa y ante un rival en descenso y con solo 19 puntos. Pudo ser un auténtico drama, salvado en gran parte por el gol a un minuto del descanso, que le dio vida al Tenerife.
Lo mejor de esa victoria llegó después, en sala de prensa. Lo que más me tranquiliza es escuchar a Joseba Etxeberría hablando más de las carencias, de los errores y del diagnóstico que hizo el equipo a pesar de haber endosado una manita al rival. Pudo sacar pecho del resultado, pero el nuevo míster no ocultó los fallos del equipo que pudieron costarle mucho si Sergi Guardiola llega a estar más acertado, o Dani menos.
Se pasó del discurso anterior del estar siempre “orgulloso” de sus jugadores e insistir en “transmitir el mensaje y confianza”, algo más etéreo, menos terrenal al diagnóstico más terrenal del vasco: “Desde el empate a uno al dos a uno hemos sufrido mucho”, “estamos contentos, pero con desajustes nos tocará sufrir” o “eso tenemos que ajustar aspectos defensivos, tener más rigor defensivo, no solo de la línea defensiva”.
Ni más ni menos. Se agradece que un entrenador debutante en el fútbol profesional tome perspectiva tras una goleada en casa. Es imposible borrar de un plumazo los males que han llevado al Tenerife a estar en la zona fría de la clasificación en las 25 jornadas anteriores, y Etxeberría se limitó a realizar un diagnóstico público sobre el que va a basar su trabajo inmediato.
Puso cada pieza en su sitio. Villar en la derecha, que para eso vino, Milla en el centro y no en la izquierda, que seguro que para eso no vino, y cierto es que pudo disponer de Mula para la izquierda, para lo que llegó a la isla. Sin experimentos, sin probaturas. Y todavía sin Aitor Sanz y Longo, se antoja que el Tenerife debería dar no un paso, sino un gran salto hacia adelante con el paso de las semanas. Que jugadores como Juan Carlos Real o Tyronne, de los que más minutos habían disputado, estén en la grada fue, cuanto menos sintomático.