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Néstor Dorta, trotamundos en clave blanquiazul

Redacción Deporpress | Néstor Dorta vive el Tenerife en vena. En cada frase formulada, expresa su sentimiento blanquiazul con convicción. Un amor que le debe a su padre, quien le iniciaba en ese ‘rito de iniciación’ cuando era pequeño. Desde hace doce años, vive fuera de las islas, pero siempre paseando con orgullo su sentir tinerfeñista. Miembro de la Peña Ibérica, ha recorrido miles de kilómetros para cumplir media centena de desplazamientos, enclavados en 32 templos del fútbol diferentes. Desde finales de los 80, hasta hoy. Sufriendo y disfrutando por épocas de unos colores: blanco y azul.

Deporpress: ¿Desde cuándo vive en Madrid y por qué motivo?

Néstor Dorta: Hace doce años, me fui a Granada por motivos de estudio. Una vez terminé allí, me mudé a Londres durante seis años. Y desde hace tres, vivo en Madrid.

DP: ¿Cómo cuadra la agenda para organizar tantos viajes con el único fin de ver al Tenerife?

ND: He viajado muchísimo. He hecho 49 desplazamientos y he estado en 32 estadios diferentes. Empecé a viajar cuando estudiaba en Granada. En aquella época estábamos en Segunda, pero íbamos poquitos porque el Tenerife iba mal. Luego, me gocé la temporada de Primera. Sigo siendo abonado aunque viva en Madrid.

DP: ¿Cuál fue su primer partido lejos del Heliodoro?

ND: Digamos que los recuerdo prácticamente todos porque son vivencias increíbles. La primera me acuerdo perfectamente: ganamos en el Martínez Valero al Elche por 2-4, donde me recuerdo que marcó Ángel; fue la temporada del ascenso.

DP: ¿Cómo cuadra la agenda para ver tantos partidos en tantos rincones del mapa?

ND: Prácticamente, lo cuadro con la Peña Ibérica. Le doy bastante prioridad. Desde los años 90, me gusta dedicar mis fines de semana al CD Tenerife. Tengo una anécdota bastante curiosa, ya que hace alrededor de año y medio, pasé a otro tipo de trabajo dentro de mi empresa y tengo que reunirme en bastantes partes de España. Cuando pasé a este puesto, mi jefe comentó en la presentación delante de todos que iban a agendarme las reuniones donde jugase el Tenerife. Fue gracioso porque no lo dijo personalmente, sino a todos. Y tiene razón porque hago lo imposible para ello. En el último partido en Oviedo, tenía que trabajar por la zona norte, así que aproveché también para ir al Carlos Tartiere. Intento compaginar el trabajo con mi pasión.

DP: Has vivido el ambiente dentro y fuera del Heliodoro. ¿Con cuál se queda?

ND: En los años 93-94, me acuerdo bien de todos los partidos en el Estadio. Fue increíble: goles, ambiente, etcétera. Pero vivirlo fuera es una experiencia que engancha. Hablo con mucha gente cuando salgo de los campos y me preguntan sobre cómo lo hago para irme, volver a Madrid e ir a trabajar un lunes. Ves la ciudad, a tu equipo, a la gente de tu tierra… Generalmente, caemos bastante bien allá donde vamos. Quizás un año en Málaga y otro contra el Hércules en el Rico Pérez hubo algún pequeño conflicto, pero sin importancia. De resto, buen rollo entre aficiones. Prefiero vivirla fuera, pero en el Heliodoro también es una gran experiencia.

DP: ¿Qué visita guarda con mayor cariño?

ND: Del presente curso, tanto Albacete como Extremadura, ya que vivimos un día especial con cuatro goles en cada partido. Históricamente, el ascenso a Primera en Montilivi o el regreso a Segunda en Hospitalet. Más allá de esos, más complicado, ya que por regla general no hemos sido de muchas alegrías fuera de casa.

DP: Volviendo a la casilla inicial. ¿Cómo nace el sentimiento blanquiazul de Néstor?

ND: Soy del 85. Mi padre, que en paz descanse, recuerdo que me llevaba al Estadio desde los cuatro años. Era socio-abonado. Por aquel entonces, San Sebastián solo tenía un anfiteatro, por lo que me sentaba encima suya. Nació al cien por ciento de él. Ahora, siempre llevo una bandera conmigo donde aparece su nombre. Igualmente, en el año 91 o 92, me recuerdo que era el único del colegio que iba al Heliodoro. Por aquel entonces, me acuerdo de que los niños se sentaban a mi lado para preguntarme cómo era ver de cerca a Redondo o Pizzi.

DP: ¿Recuerda el primer partido en el Heliodoro?

ND: El primero es imposible. Ya iba allá por el 89-90, pero fue a partir del 92 cuando tengo recuerdos más presentes. Por ejemplo, la liga que le quitamos al Real Madrid u otros muy vivos de esos años porque ya estaba más crecido.

DP: ¿El partido más importante?

ND: El de UEFA contra la Lazio. No solo por lo que dice la gente de que vibrase el Heliodoro, sino también por ese ambiente. Era un partido intenso, lleno de remontadas y goles. Recuerdo ver a gente llorando en el último gol. Los que estuvimos presentes sabemos que ha sido el más importante de nuestra historia, quitando el del Real Madrid.

DP: ¿Un gol especial?

ND: Hubo un partido en los 90 con un Tenerife 2-1 Barcelona, donde íbamos perdiendo con uno menos, pero logramos remontar en la recta final con un gol de Julio Llorente. Es el que más he celebrado en el Estadio. Cierro los ojos y me veo estallando en júbilo mientras Julio remata con el exterior.

DP: Un mes sin fútbol, sin Tete. ¿Lo echa de menos?

ND: Muchísimo. Aunque vivo en Madrid, la situación me pilló en Barcelona. Me vine directo a Tenerife sin hacer escala. Llevo en la Isla un mes, pero ya tenía organizado con la Peña Ibérica el próximo viaje a domicilio en Fuenlabrada, así como deberes adelantados para las expediciones a Santander, Alcorcón o Cádiz en Semana Santa. Con lo bien que íbamos, fastidia. Lo echamos de menos, como todos.

DP: Está siendo una temporada rara: primero parecía que sí, luego que no; cuando peor estaba, se ha reaccionado… ¿Cómo lo ha visto?

ND: Después del partido en Riazor, todos nos veíamos en Segunda B. Pero es verdad que el cambio que le ha dado Baraja es increíble. El fútbol es un estado de ánimo. Cuando vienen los resultados, con un equipo coordinado con un entrenador como Baraja, llegan los resultados. Es una pena el parón porque el equipo atravesaba una buena dinámica. Cuando vamos fuera, notamos cómo los jugadores están metidos desde el minuto uno, enchufados, rompiendo con esa endeblez característica a domicilio.

DP: ¿Cuánto hace que no ve un partido en el Heliodoro?

ND: No mucho, porque vengo con bastante regularidad a la Isla. Cada cuatro partidos, dos o tres veo en el Heliodoro. Viajo a Tenerife para verlo en casa y luego voy a la mayoría fuera de casa con la Peña Ibérica. No lo echo de menos en ese sentido porque voy asiduamente.

DP: Si tuviera que vivir elegir una temporada histórica, ¿cuál sería?

ND: Los años 90 marcan un punto aparte porque ahí vivíamos una burbuja, no solo jugando en la élite sino también en Europa, con un fútbol bastante bonito. Fuera de esa década, diría que cuando subimos por última vez a Primera en 2009. Me pilló en Granada e íbamos a ver todos los partidos. Después de tantos años sufriendo en el pozo, aliviaba saber que íbamos a ganar casi seguro. Se disfrutó mucho.

DP: ¿Con qué jugadores que han vestido esta camiseta se queda?

ND: Por encima de todos, Pizzi. También me marcó mucho Fernando Redondo porque cuando yo jugaba era también en esa posición. Más adelante en posición, Quique Esteberanz era como un ídolo. Más reciente, como todos: Nino. Otro, aunque no lo recuerdo muy bien en su etapa de futbolista, fue Rommel Fernández; soy muy amigo de su familia, he estado en Panamá con su grupo de amigos y ellos también han estado por aquí. Tenía una conexión bastante buena con ellos. Es como nuestro mito.

DP: ¿El momento de mayor frustración?

ND: Pueden salirme muchos, pero de los peores sin duda fue cuando se baja a Segunda B, aunque fue esperado porque sabíamos que el equipo estaba mal. Y en Getafe cuando no subimos en playoffs, pero no solo por el no ascenso, sino también por los problemas que vivimos en la grada con su afición; se quedó un mal cuerpo por todo. Ahora, el peor de todos, fue el descenso a Segunda en Mestalla. Quienes viajábamos, estábamos convencidos de que íbamos a salvarnos. No sé por qué, pero estábamos tan seguros que fue un palo. Estuve una semana en la que no fui ni a la universidad una vez regresé a Granada.

DP: ¿Ha aprendido a relativizar las derrotas o los fracasos blanquiazules o le sigue afectando mucho en el estado de ánimo?

ND: Me afecta menos, pero continúa haciendo mella. Ahora lo sigo viviendo con mucha pasión, animando con la Peña Ibérica. Cuando pierdes o coqueteas con los puestos de descenso, estás mal durante los primeros días de la semana. Ya cuando se va acercando el próximo encuentro, te olvidas de lo anterior y piensas en que se abre una nueva oportunidad para conseguir una victoria.